A todos nos ha tocado vivir alguna vez un momento vergonzoso en el que hemos pensado eso de «¡Tierra, trágame!». Lo cierto es que si el suelo literalmente se abriera y nos engullese cada vez que la pifiamos, no quedaría nadie sobre la faz del planeta. Absolutamente todos hemos tenido al menos una metedura de pata que querríamos olvidar para siempre, y conocemos esa sensación de ponernos de color rojo cuando lo que realmente nos gustaría es hacernos invisibles.

Confundir por la calle a una desconocida con tu madre, caerte en medio de la vía pública, o un clásico de las telecomedias: no darte cuenta de que la persona a la que estás criticando está justo detrás de ti. Son situaciones que todo el mundo reconocer, porque a todos nos han ocurrido alguna vez. Y cuando logramos verlo con perspectiva, nos damos cuenta de que son anécdotas que también tienen un lado divertido. Es lo que hicieron algunos usuarios de las redes sociales al compartir los momentos más incómodos que vivieron, pero de los que obviamente todos sobrevivieron.
1.
Anoche, mientras mi novio dormía, no paraba de reírse y de sonreír en sueños y me pareció bastante mono verle tan feliz. Esta mañana me ha dicho: «Anoche soñé que cortábamos». Fuente.

2.
Mi papá, influenciado en parte por la película Bad Boys 2, decidió gastarle una broma a mi novio en mi primera cita actuando como si fuera un tipo duro. Llenó una botella de whisky con té, y cuando abrió la puerta se bebió todo de un trago mientras miraba fijamente a mi novio. Después, trató de romperse la botella en la cabeza. La cita fue cancelada porque tuvimos que llevar a mi padre al hospital, y me convertí en la chica cuyo padre está loco. «No tengas una conmoción cerebral esta vez» se convirtió en la broma habitual cuando pude conseguir una cita otra vez. Fuente.
3.
Mi pareja y yo visitamos a unos amigos que están mal de dinero y estuvimos pasando la tarde con ellos. En un momento dado, me entró un apretón y fui al baño a desahogarme. Cuando le pregunté a mi amigo que por qué no funcionaba la cisterna, me dijo que les habían cortado el agua indefinidamente. Fuente.
4.
Estaba horneando una tarta en mi residencia de estudiantes para mi cumpleaños número 19. Mis amigos corrían y gritaban, así que les grité que se detuvieran porque no quería que arruinaran el pastel. Me miraron como si hubiera perdido la cabeza, así que tuve que explicarles que a mis hermanos y a mí siempre nos enseñaron que hacer ruidos fuertes o correr por la cocina cuando algo se estaba horneando lo arruinaría. Me sorprendió que nunca hubieran aprendido esa regla para hornear.
En ese momento comprendí que esa norma se inventó para que estuviéramos tranquilos durante un par de horas mientras se horneaba algo. Llamé a mi mamá para preguntarle al respecto y tanto ella como mi abuela se sorprendieron tanto como yo al descubrir que es un mito, así que aparentemente al menos 3 generaciones han creído y seguido esa regla. Fuente.

5.
Mi hija mayor y yo solíamos separarnos de mi esposa cuando íbamos de compras. Una vez, nos alejamos mucho y, bromeando, le pregunté qué quería hacer ahora que mamá no podía detenernos.
Ella exclamó en voz alta, cerca de otra gente, «¡Podemos golpear a un desconocido!» Fuente.
6.
Hoy, he oído como una madre le decía a su hijo que le había tirado una camiseta porque estaba ya muy vieja. La respuesta de él fue, «tú sí que estás vieja y no te tiramos a la basura». El niño tendría unos 7 años. Fuente.
7.
Estaba en una cola en la cafetería y mi amiga estaba apoyada en la mesa sosteniendo su bolso. Cada vez que ella lo abría, yo lo cerraba. Lo hice dos veces y de repente ella me miró y resultó que era una completa desconocida. Regresé a nuestro salón de clases y no almorcé. Fuente.

8.
Hace unos años, cuando iba a primaria, estábamos en la calle y pasó un coche decorado con flores que pensamos que era de unos recién casados. Mis amigos y yo empezamos a gritar: «¡Viva los novios!», entre silbidos y aplausos. Los señores de dentro del coche nos miraron fatal. Un señor que pasaba por ahí nos dijo que era un coche que venía de un funeral. Fuente.
9.
Pedí un Uber con mi nueva jefa en un viaje de negocios ayer. Comencé a tener una pequeña charla con el conductor para mostrarle a mi jefa lo bueno que soy para hablar con la gente. El conductor estaba hablando con su novia en un auricular. Fuente.
10.
Fui a una tienda de juguetes para comprar los regalos de Navidad a mis sobrinas. Cuando terminé de coger todo, fui a pagar a caja y noté que la dependienta no paraba de reírse. Un poco molesto le pregunté si pasaba algo. Ella dijo «Nada, solo me hace gracia la cantidad de adultos que compran juguetes y luego dicen que son para sus hijos o sus sobrinos». Me tomó por un niñato inmaduro. Fuente.

11.
Me enamoré de una chica en décimo grado. Coqueteábamos mucho y, en una ocasión en la que estuvo enferma sin venir a clase durante 2 semanas seguidas, me dijo a través de MSN que le gustaría un abrazo cuando volviera a la escuela.
Así que, cuando llegó el día, la abracé.
Fue súper incómodo.
La abracé durante un minuto seguido y entonces, muy calmada, me preguntó si podía soltarla. Ese minuto se sintió como una eternidad y me dio muchísima vergüenza.
Después de 11 años, todavía me da escalofríos cuando lo pienso. Fuente.
12.
Una vez, en ciencias de séptimo grado, mi clase estaba teniendo una discusión sobre volcanes y de pronto, de la nada, un niño en la parte de atrás gritó con la voz más sorprendida que jamás haya existido: «¡Espera! ¿¡Los volcanes son reales!?» Fuente.
13.
Una vez, mi esposa escuchó el acento de una niña y me preguntó si era australiana.
Era una niña con discapacidad auditiva. Fuente.

14.
En una fiesta, a mis amigos se les ocurrió intercambiar los números de mi madre y de mi novia en mi teléfono. No me había dado cuenta hasta que llamé a mi «novia», la cual tenía el número de mi madre y directamente le dije: «Tengo unas ganas enormes de llegar a casa y… (cosas que solo haría con mi novia)». No sé con qué cara ver a mi madre. Fuente.
¿Qué te han parecido?