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15 padres que tuvieron que ir urgentemente al colegio de sus hijos por razones absurdas

Todos los padres quieren que a sus hijos les vaya bien en el colegio. Que aprendan cosas interesantes, perfeccionen sus habilidades, y se lleven bien con todos sus compañeros. Por eso, cuando se cita a los padres a la escuela un escalofrío recorre sus cuerpos, ya que lo más habitual es que sea porque existe algún problema con el pequeño.

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Durante estas reuniones se deberían desarrollar un diálogo constructivo. A fin de cuentas, el bienestar del niño debería ser lo primero. Sin embargo, hay ocasiones en los que los padres escuchan las afirmaciones de los profesores y no pueden ocultar su asombro: la razón por la que han sido llamadas les parece absurda.

Es lo que le ocurrió a nuestros protagonistas de hoy. Padres con historias a las que nos costó reaccionar: no sabíamos si encogernos de hombros, o partirnos de la risa. Después de leer estas 15 anécdotas, empezarás a pensar que las reuniones escolares son, en su mayoría, una enorme pérdida de tiempo. ¡Esperamos que a tus hijo no les toquen maestros como estos!

1.

No me pasó a mí, sino un miembro de la familia. Llamaron a mi prima para que fuera al colegio. Parecía grave, porque cuando llegó estaban allí la maestra, la enfermera y la psicóloga de la escuela (!).

Le mostraron a mi prima un dibujo, en el que aparecía ella, bastante pequeña, y un papá gigante. Le dijeron: «Nos preocupados que exista un desequilibrio emocional en su familia, que podría desembocar en… blablabla.»

Mi prima se echó a reír. Les dijo: «Tengo otra teoría. Yo mido 1,52, y mi marido casi 2,10.» Fuente.

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2.

Me llamaron diciendo que mi hijo estaba enfermo y que tenía que ir a buscarlo. Cuando llegué, él parecía estar perfectamente. Le pregunté a la enfermera: «¿Realmente no puede volver a clase?» y ella dijo: «Él dice que está muy enfermo». Vale.

Le recogí, y de camino a casa le pregunté qué pasaba. Me dijo que tenía que tirarse una ventosidad muy fuerte y que no quería hacerlo en clase. Me reí, y le dije que no pasaba nada.

Dos días después, recibo otra llamada similar. Cuando le recogí, resultó ser por la misma razón. Le dije que era gracioso una vez, pero que de ahora en adelante, si necesitaba tirarse una ventosidad en clase, tenía que ir al baño. Fuente.

3.

La profesora de mi hijo de cuatro años dijo que él le había insultado repetidamente.

En realidad, la profesora le quitó algo a mi hijo y le dijo: «¡Se acabó!». Después de eso, cada vez que la profesora se acercaba, él le repetía «¡se acabó!». Conociéndole, probablemente usó el mismo tono de voz que ella usaba, que era bastante desagradable. Fuente.

4.

Me llamaron porque mi hija mayor había faltado a la escuela durante casi un semestre entero (eran los años 80). El colegio estaba enviando avisos por correo, pero mi hija interceptaba el correo todos los días. Finalmente se pusieron en contacto con mi madre, que era maestra en otra escuela, y ella me hizo saber lo que estaba pasando.

Cuando hablé con mi hija, me dijo que se aburría. Era una estudiante sobresaliente, pero con tantas ausencias no la iban a dejar aprobar. Apelamos a junta escolar y acordaron que si ella aprobaba sus exámenes finales, le permitirían aprobar. No solo aprobó, ¡sino que obtuvo las puntuaciones más altas de su clase! La junta cumplió a regañadientes su palabra y ella pasó de curso.

Me mudé ese verano para que ella pudiera asistir a una escuela que tuviera un programa de arte, su verdadero interés. La parte divertida: ¡se estaba saltando la escuela para ir a la biblioteca! Fuente.

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5.

Recibí una llamada de que mi hijo estaba enfermo y que tenía que ir a buscarlo. Estaba completamente bien esa mañana. Le pregunté a la enfermera: «¿Realmente no puede volver a clase?» y ella dijo: «él dice que está muy enfermo». Multa.

Lo recogí y en el camino a casa le pregunté qué pasaba. Dijo que tenía que tirarse un pedo muy fuerte y que no quería hacerlo en clase. Me reí y dije que estaba bien.

Dos días después, recibo otra llamada para que lo recoja. Así que lo conseguí y fue por la misma razón. Le dije que era gracioso una vez pero que de ahora en adelante, si necesitaba tirarse un pedo en clase, debería ir al baño jejeje.

6.

Yo era el estudiante. Llamaron a mis padres porque usé mi medicamento para el asma en clase. Me dijeron que dejara mi inhalador en la oficina y que lo usara solo allí, porque en clase «era una distracción».

¿Sabes lo que también es una distracción? Los sonidos de alguien jadeando por aire y siendo expulsado de la clase. Fuente.

7.

Me llamaron porque su clase tenía una excursión para la que mi hijo se había olvidado de pedirme permiso. En vez de eso, decidió intentar falsificar mi firma. Esto fue en primaria, así que la letra era horrible. Además, firmó mi nombre como: «Mamá». Fuente.

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8.

Una mañana estaba trabajando y de pronto me di cuenta de que tenía llamadas perdidas, mensajes de texto y correos electrónicos del jardín de infancia de mi hija. Un mensaje de voz decía que había estado vomitando y que, por favor, me diera prisa y fuera a buscarla. Cuando llegué, la recepcionista me condujo a una habitación en la que estaba mi hija estaba sentada con un cubo de basura en su regazo.

Me contaron que mi hija decía todo el rato que tenía ganas de vomitar, pero luego solo tosía y escupía en la basura. No tenía fiebre, y por lo demás estaba alegre y habladora. La saqué y la metí en mi coche, tras lo cual dio un salto y me besó en la mejilla. Me dijo que me echaba de menos y que quería ir a comer conmigo. Esta niña se escapó de clase para poder ir a comer conmigo. Funcionó. Fuente.

9.

En una clase de programación de computadoras, se suponía que los alumnos tenían que hacer un juego sencillo. El juego de mi hijo fue una aventura épica para derrocar al profesor de programación como primer paso para conquistar el mundo. No le pareció gracioso. Fuente.

10.

Mi hija de 13 años tuvo que quedarse castigada después de clase. Cuando eso ocurre, hacen que los niños escriban una carta de disculpa al maestro y a la clase, supongo que para enseñarles a ser reflexivos, etcétera. Ella escribió:

«Querido maestro

Ya le dije que no voy a escribir esta maldita carta. Repito, no me arrepiento de no haber hecho los deberes. Tenía mis razones.

No pienso pedir perdón.»

A la escuela no le gustó. Pero, ¿por qué me iba a enfadar con ella? Quiero decir, se expresa con demasiada dureza, pero eso es algo completamente secundario. Fuente.

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11.

Una vez me metí en problemas, ¡y ni siquiera estaba ese día en el colegio!

Mi mamá estaba en la cocina cuando la llamaron a la oficina para hablar con el director sobre mí y lo que había hecho. Cuando llegó, el director empezó a quejarse sobre mí, diciéndome que había hecho esto, aquello, etcétera. Mi mamá le pidió que me llamara, así que llamó a mi clase y preguntó por mí. El profesor le dijo que ese día no había ido. Entonces, mi mamá le explicó que estaba en casa enfermo de neumonía, y sarcásticamente le aseguró que me castigaría por lo que había hecho ese día.

No hace falta decir que el sistema escolar me tenía manía. Fuente.

12.

Mi profesor llamó a mi madre porque dijo que estaba escribiendo demasiado lento y que entregué mi examen justo cuando sonó la campana. Mi mamá tuvo que pedir permiso para salir antes del trabajo solamente para escuchar que su hijo escribía lento.

En realidad, la razón por la que escribía lento era porque en mi último examen, me quitaron puntos por tener mala letra. Así que esta vez me aseguré de tener la letra más elegante que ese maestro había visto en su vida. Después de eso, dejó de quitarme puntos por la escritura. Fuente.

13.

Yo era el niño. Cuando tenía unos 12 años, estaba en mi fase emo y llevaba mucha sombra de ojos negra. Supongo que todavía no era tan bueno maquillándome, porque llamaron a mi madre a la oficina para hablar sobre mis moratones y aclarar quién me estaba «lastimando». Fuente.

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14.

Me llamaron porque mi hijo fue malo con el hijo de Sting. Fuente.

15.

Una vez, a mi madre la citaron a la escuela y le dijeron que yo le estaba quitando la comida a mis compañeros de clase. Yo era la más pequeña de la clase, flaca, bajita, no podía quitarle un pedazo de pan ni a un pajarito, y por eso mi madre no se podía creer lo que oía. Resultó que se trataba de la vez que una amiga-compañera de clase compartió tortitas y mermelada conmigo en el comedor. Ella quería perder peso y no quería comerse todas, pero la maestra encargada de la clase dijo que quien traía la comida se la tenía que comer. Y que si no se la comía, no la podía compartir, sino que la tenía que tirar.

Y a ti, ¿alguna vez te han llamado por alguna razón así de surrealista? Cuéntanoslo en los comentarios.