16 personas cuentan lo que más les sorprendió de sus parejas cuando empezaron a vivir juntos

¿Vivir en pareja, o cada uno en su casa?

Cuando se lleva un tiempo de relación, es natural que surja la cuestión. Lo “normal” para muchos es dar el paso de irse a vivir juntos, ya sea antes o después del compromiso, sea irse a vivir juntos. Esta experiencia constituye una etapa completamente nueva en la relación, y por eso mucha gente se enfrenta a ella con incertidumbre.

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Se trata de la ocasión perfecta para que los miembros de la pareja se conozcan mejor, tanto mutuamente como a sí mismos. Pero también puede ser una prueba de fuego para la relación. La realidad es que, aunque la recompensa es muy grande, no suele ser fácil.

Los psicólogos explican que cuando se inicia una convivencia, las personas llevan consigo una mochila cargada con sus experiencias anteriores. Eso incluye sus normas y sus costumbres, que pueden encajar con los de la otra persona… o todo lo contrario. Los dos miembros han convivido antes con otras personas, por lo que tienen sus propias opiniones sobre cómo han de hacerse las cosas.

Aunque no existe un momento perfecto para tomar la decisión de irse a vivir juntos, sí hay circunstancias mejores y peores que conviene tener en cuenta. Lo más importante, en nuestra opinión, es tener la capacidad de reconocer los propios errores, de perdonar al otro cuando se equivoque, y, sobre todo, saber respetar el espacio de cada uno.

Os dejamos con una serie de testimonios de personas que descubrieron cosas sorprendentes de sus parejas cuando se fueron a vivir juntos. Algunas son sorpresas agradables… y otras, no tanto. Pero esperamos que, en todos los casos, te ayuden a tomar la que puede ser la mejor decisión de vuestras vidas.

1.

Después de vivir 4 años con él, se me ocurrió abrir un cajón de “su” cómoda. Y estaba vacía. Por completo. Por lo visto, pensé que era mi cómoda adicional.

Él no usa la cómoda. Cuando lava la ropa, la pone en su “cesto de la ropa limpia”. Los calcetines y la ropa anterior los guarda en su mesilla de noche.

Ahora me pregunto, ¿qué otros muebles de la casa estarán vacíos? Fuente.

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2.

He aprendido que hay una manera equivocada de doblar las toallas. Fuente.

3.

A mi pareja le cuesta estar a solas. Cuando estamos en casa, básicamente quiere que estemos juntos en todo momento. A veces quiero estar a solas haciendo algo, y cuando me marcho a otra habitación puedo escuchar la decepción en su voz. Estoy trabajando en hacer que entienda que a vexes necesito la soledad. Fuente.

4.

Me sorprendió descubrir que hablo solo demasiado a menudo.

Nunca había tenido compañeros de piso, excepto durante las primeras dos semanas de universidad antes de mudarme a una habitación individual, así que estoy acostumbrada a hablar solo en voz alta como si nada. Después de mudarme con mi novia, ella me pregunta todo el rato: “¿Con quién estás hablando?” y “¿Has dicho algo?” Me he dado cuenta de que hablo bastante conmigo mismo. Fuente.

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5.

Lo específica que tengo que ser cuando doy instrucciones para hacer algo. En vez de decir “limpia las sábanas” tengo que decir: “lava y seca las sábanas y las fundas de las almohadas, y pon sábanas limpias en la cama.” Fuente.

6.

Mi mujer pone almohadas decorativas encima de todo. Son demasiado pequeñas para tener utilidad, y no me permite tirarlas al suelo o apilarlas todas en una suya. La cama tiene unas cuantas, además de una cosa alargada. No me permite jugar con la cosa alargada.

¿De dónde han salido? ¿Para qué las necesita? Si están en medio, ¿no podemos almacenarlas en algún sitio? Ok, amor mío, lo que quieras. Fuente.

7.

Me sorprendió cómo de sutilmente fue creciendo en mí la necesidad de pasar tiempo a solas. No era en absoluto infeliz, y mudarnos juntos era lo más natural. Pero poco a poco empecé a sentir que me volvía más irritable, y descubrí que tiendo a ponerme así cuando no tengo tiempo para mí misma. Pasé de esta sola en casa después de volver del trabajo, a estar con mi pareja en todo momento excepto cuando estoy en la oficina o conduciendo. Afortunadamente, una vez que aprendí a reconocer lo que me ocurría, fue más fácil de gestionar. Fuente.

8.

Lo que más me impresionó fue la cantidad exagerada de tiempo que mi marido pasa en el baño. Fuente.

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9.

Siempre he sabido que las mujeres usan más papel higiénico que los hombres, pero nunca imaginé hasta qué punto. Llegué a comprar papel higiénico siempre que pasaba por la tienda, fuera cualquier la razón. Puede que en casa todavía quedara, pero pensaba que siempre estaba a punto de gastarse, y casi nunca me equivocaba. Fuente.

10.

El pelo, madre mía, hay pelo por todas partes. Fuente.

11.

Me sorprendió tener que ayudar a mi mujer a encontrar las llaves de su coche tan a menudo. Con el tiempo, puse un gancho para colgarlas, y conseguí que se acostumbrara a usarlo.

Me emocioné cuando, un par de semanas después de habernos separado, me envió un mensaje que decía “echo de menos ser capaz de encontrar mis llaves.” Fuente.

12.

Mi marido no tenía ni idea de cómo arreglar cosas, y todos sus destornilladores, sierras y otras herramientas, eran puramente decorativas. Fuente.

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13.

Métodos de almacenamiento:

Yo: Aparente desorden, pero con un método detrás.

Ella: Organizada.

Muchas conversaciones han sido de esta manera:

Yo: “¿Dónde está mi libreta de anotaciones azul, que estaba en esta estantería bajo mi caja de componentes.”

Ella: “Limpié y organicé todo.”

Yo: “Vale, entonces, ¿dónde está?”

Ella: “No lo sé, no controlo donde están tus cosas.” Fuente.

14.

Mi marido no tiene ni idea sobre llevar la contabilidad. Yo miro mi cuenta bancaria cada pocos días y estoy al corriente de todos mis ingresos y gastos. Él no tiene ni idea sobre sus gastos. Llevamos tres años viviendo juntos, y cuando íbamos a casarnos me confesó que tenía un montón de deudas y que no sabía cuánto ganaba realmente. Terminé pagando sus deudas y le obligué a controlar sus finanzas. Ahora tenemos ahorros conjuntos y nos va bien, pero si no le hubiese ayudado estaríamos en una situación horrible. Fuente.

15.

Si tú.y tu pareja estáis en habitaciones diferentes, uno de ellos de pronto decidirá ir a ver “cómo estás” abriendo un poco la puerta, sonriéndote, y volviendo a su habitación. Fuente.

16.

El: “Te cambias de ropa interior muy a menudo. ¿Por qué? Así tienes más ropa pendiente para la colada.”

Yo: “¿No te vas a dormir con ropa interior limpia? Tío, cámbiate ahora mismo y mañana me cuentas”.

Él, a la mañana siguiente: “¡Madre mía! ¡Con ropa interior limpia se duerme mucho mejor! ¿Nos casamos?” Fuente.

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Y tú, ¿te llevaste alguna sorpresa —agradable o desagradable— cuando empezaste a vivir con tu pareja?