16 profesores y alumnos recuerdan a los tramposos más inteligentes que han visto en sus vidas

Hacer trampa en los exámenes es una práctica tan antigua como universal. Seguramente, sea algo tan viejo como la educación misma. Mientras los alumnos ponen a prueba su ingenio, los profesores y las escuelas responden desarrollando métodos cada vez más infalibles para evitarlo.

Pexels

Durante los últimos años, muchos se las han ingeniado para burlas la vigilancia en un terreno que hasta ahora les era desconocido: los exámenes online. Mientras que en una prueba convencional, el maestro se pasea entre los pupitres, y puede revisar el entorno del alumno, cuando este está al otro lado de la ciudad y en su propia casa la cosa se complica. A los educadores no les queda más remedio que usar sofisticadas herramientas tecnológicas para vigilar la prueba, y estructurar las preguntas de manera que no se puedan resolver con una búsqueda en Internet.

En esta recopilación, muchos profesores y alumnos han recordado como eran los exámenes “presenciales”, y se han detenido en aquellos tramposos que dejaron a todos atónitos con su ingenio. Son historias protagonizadas por alumnos capaces de idear las tretas más sofisticadas para aprobar, aunque también hay algún avispado profesor que supo cómo convertirse en uno de los profesionales más respetado utilizando su ingenio.

Esperamos que disfrutes de esta serie de anécdotas, y que te inspire, sino a convertirte en un tramposo, sí a pensar “fuera de la caja”.

1.

Era 1985. Una vez que empezaba un examen final, al otro lado del campus se publicaban las respuestas, para que pudieras comprobar tus respuesta y hacerte una idea de la nota que habías sacado. Una fraternidad hacía que los novatos fueran a por las respuestas, y luego usaban un micrófono de juguete para emitir las respuestas a los demás a través de la radio de sus Walkmans. Fuente.

Pexels

2.

En un examen de Biología, un estudiante escribió todo el temario en trozos de chicle, y se los iba comiendo de uno en uno después de utilizarlos. Fuente.

3.

Durante un examen, unas estudiantes escribieron respuestas y cosas para recordar en sus piernas, y después llevaron medias y falda por encima. Al estirarlas, podían ver a través y leer las respuestas, y por razones obvias ninguno de los vigilantes iba a levantarles la falda ni bajarles las medias.

Tengo que añadir que, si estás pensando en hacer algo parecido, recuerda que en realidad las pillaron y fueron descalificadas de todos sus exámenes. Fuente.

4.

Un estudiante obtuvo las respuestas para un examen tipo test. Se hizo un brazalete con cuentas, cuyos colores correspondían a las letras de las respuestas. Así, si las respuestas eran “A D C B A D”, el brazalete empezaría por una cuenta negra, luego tendría una cuenta roja para la A, una cuenta verde para la D, una cuenta azul para la C, una cuenta amarilla para la B, otra cuenta roja para la A, y finalmente otra cuenta verde para la D. A no ser que conocieras su plan, simplemente parecía un brazalete de cuentas. Fuente.

Pexels

5.

No soy estudiante, pero en los 70 mi tío era candidato a un doctorado en una institución muy prestigiosa de los Estados Unidos. Por entonces, en su campo de estudio, la ingeniería, tenías que demostrar tu maestría en un segundo lenguaje que no fuera el inglés. Solo contaban Francés, Alemán y Español. Aunque mi tío había nacido en el extranjero y hablaba fluidamente en otros idiomas, la administración solo le permitía pasar la prueba en uno de esos tres.

Al informarse de qué haría falta para pasar la prueba, le dijeron que se basaría en la comprensión de una página al azar de un libro en concreto para cada uno de esos tres idiomas. Escogió el francés, se lo llevó a la que por entonces era su novia, y lo abrieron por la página 165/166.

Al día siguiente, abrió el libro por la página 165, arrugó el lomo del mismo, y lo cerró. Repitió la misma acción día tras día, hasta que pasó un año y llegó el momento de demostrar su maestría en el idioma francés. Cuando entró en la sala de profesores, les dio el libro y uno de ellos abrió una página al azar.

Cuando le devolvió el libro, mi tío vio las páginas 165/166, sonrió y un mes después consiguió su doctorado. Fuente.

6.

Era un estudiante de estos que casi nunca aparecía por clase, así que a todos les sorprendió que viniera al examen final. Al principio de la clase pidió cerrar la ventana, porque hacía mucho calor en clase. El chico escribió en su papel durante 30 minutos, pidió ir al cuarto de baño, y cuando volvió terminó el examen y se marchó.

¿El giro? Resulta que dejó caer una copia del examen por la ventana para que lo cogiera un amigo, que se fue a la sala de descanso e hizo el examen, después se encontraron en el baño, cogió el examen completado por su amigo, y volvió a clase, donde solo tuvo que poner su nombre y entregarlo.

El único error que cometieron fue que otro profesor estaba mirando justo cuando dejó caer el examen por la ventana, y finalmente desbarató todo el plan. Fuente.

7.

Un alumno olvidó hacer un trabajo del instituto así que solamente escribió una página y la imprimió 20 veces. Se la dio al profesor y durante el fin de semana terminó el trabajo de verdad. La semana siguiente su profesor le preguntó qué había ocurrido y le explicó que debió haber sido un problema con la impresora. Simplemente imprimió el trabajo completo y lo llevó a la siguiente clase. Consiguió una semana más de plazo sin ninguna penalización. Fuente.

Pexels

8.

Por alguna razón en una escuela el examen de francés lo hicieron en un ordenador que resulta que tenía instalado Chrome con su herramienta de traducción automática. Fuente.

9.

Un alumno estaba haciendo un curso en línea. Escribió a la empresa que creaba los libros y materiales de estudio para el curso, diciendo que era un profesor y que quería necesitaba recibirlo todo. Le enviaron todas las respuestas de los exámenes, entre otras cosas. Brillante. Fuente.

10.

En muchos exámenes del instituto no permitían usar una calculadora científica superior a la TI84. Así que un alumno cogió los componentes de una TI89 y los intercambió por los de la TI84. Nunca le pillaron. Fuente.

Pexels

11.

Esta historia me la contó mi profesor de Química. Un estudiante que se pasó todo el semestre sin aparecer por clase, obtenía una mejora enorme de sus notas siempre que pedía que le volvieran a evaluar. Sabían que estaba haciendo trampas porque era muy poco probable que hubiera errores tan grandes en la evaluación de todos sus exámenes, pero nadie podía demostrar a ciencia cierta que los exámenes hubieran sido manipulados.

Finalmente, un ayudante del departamento se dio cuenta del truco cuando quedaba poco para finalizar el semestre. Las grapas estaban puestas en un ángulo diferente al de los exámenes que habían sido grapados en masa. Lo que hacía era recrear el examen a la perfección, imprimirlo, volver a contestarlo, y después evaluarlo y anotarlo con el mismo bolígrafo que usaban los profesores. Había hecho un trabajo excelente copiando el estilo de escritura. Fuente.

12.

Un profesor me contó una historia de cuando permitían comer durante sus exámenes. Un alumno sacó una bolsa gigante de M&Ms y se comía uno de un color específico correspondiendo a las respuestas A/B/C/D. Era un duo de estudiantes y solo les pillaron porque uno de ellos delató al otro. Fuente.

13.

En este caso el tramposo no era el estudiante, sino el profesor. Este profesor, al que llamaremos Sr. A, tenía una reputación de ser un educador increíble, que conseguía que todos sus alumnos estuvieran atentos e interesados en clase, fuera cual fuera el tema. Cada vez que preguntaba algo, todos los estudiantes levantaban la mano y gritaban “¡yo sé la respuesta!”, o “¡escójame a mi!”

El Sr. A se ganó la reputación de ser uno de los mejores profesores del distrito. Un par de años después, me estaba tomando un café con él, y le pregunté “¿cuál es tu truco? ¿Cómo consigues que todos los alumnos estén interesados?”

Su respuesta: “Bueno, les decía que cada vez que viniera una visita a clase, necesitaba que levantaran las manos como si estuviera regalando golosinas. PERO que si no saben la respuesta, que levanten la mano izquierda. Si la saben, que levanten la derecha, así sé a quién preguntar y todos quedamos bien. Funcionaba de maravilla”. Fuente.

Pexels

14.

Estaba ayudando a vigilar un examen final de química junto a un compañero. A los 15 minutos, una mano golpea un escritorio y me giro esperando lo peor. Veo a mi compañero gritando enfadado a un par de alumnos asustados. En medio de los grupos, escucho “código Morse”. Mi compañero procedió a sacarles del examen.

Por lo visto, los chicos estaban hablando entre ellos dando golpecitos en código Morse. Ni siquiera estaban haciéndolo con las uñas, solo con las puntas de los dedos. Yo no escuché nada, pero mi compañero por lo visto pilló una “B” en código Morse o algo así. Sinceramente, pensé que se había vuelto loco simplemente por su apariencia, parecida a la de Robin Williams en Jumanji preguntando “¿En qué año estamos!?” Estoy convencido de que, si mi compañero no hubiera estado en la sala, se habrían salido con la suya. Fuente.

15.

Un profesor nos contó una historia sobre un estudiante que había introducido un pequeño pergamino en un reloj de muñeca con notas escritas. Avanzaba por el pergamino dando cuerda al reloj. Terminaron pillándole porque estaba dando cuerda al reloj demasiado a menudo durante el examen, pero al profesor le encantó que tuviera tanta creatividad. Fuente.

Y tú, ¿alguna vez has visto a alguien hacer trampas en un examen de una forma tan creativa?