Es una triste verdad que las personas no siempre son muy amables entre ellas. También es triste verdad que hay personas que, a menudo, no se dan cuenta de que están siendo malas o desconsideradas. Pero luego están aquellas que lo saben perfectamente: personas que se complacen en manipular o molestar a los demás. A veces parecen encantadoras, pero solo es un acto para atraer a sus víctimas: la realidad es que se comportan como si carecieran de empatía por otros humanos.

Estas personas suelen tener excusas de lo más elaboradas para no ayudar a otros, y siempre se ponen a sí mismas en primer lugar. Pueden llegar a quererte… mientras no les pidas nada, claro. Te traemos 17 historias completamente reales que retratan a la perfección a este tipo de personas. Atento a estas experiencias con personas mezquinas, ¡seguro que te quedas tan boquiabierto como nosotros!
1.
Era una primera cita, y habíamos quedado en un restaurante después del trabajo antes de ir al cine. Llegué con puntualidad, y tuve que esperar 45 minutos en el bar hasta que apareció (esto fue antes de los teléfonos móviles, así que todo lo que podía hacer era esperar e intentar no enfadarme). Cuando llegó, estaba muerto de hambre pero intenté no parecer molesto. Me dijo: «¿Estás seguro de que quieres cenar? Yo ya he comido, por eso llego tarde». Fuente.

2.
Me mudé a una casa con otras 4 personas. Al final del primer mes, una chica protestó con vehemencia cuando le pedimos el dinero del alquiler. «¡Pensé que todos estábamos de acuerdo en que no tendría que pagar ningún alquiler, que sería libre para desarrollar mi arte!» No, cariño, esa reunión aparentemente tuvo lugar solo en tu mente. Fuente.
3.
Creo que una señal de que alguien es mala persona es que hace promesas vacías que nadie le ha pedido. Conocí a una persona así. Me enviaba un mensaje para decirme que me había comprado un regalo de cumpleaños o algo en eBay, pero luego siempre se «perdía» o «se retrasaba debido al Año Nuevo chino» cada vez. Fuente.
4.
Trabajé en un laboratorio de impresión de fotografías, y a menudo teníamos clientes que decían que éramos un desastre y que habíamos estropeado sus fotografías.
En una ocasión, una mujer nos pidió que imprimiéramos 800 fotografías de las vacaciones. Eran de mala calidad, estaban oscuras y desenfocadas. Cuando vino a recogerlas, insistió en que las habíamos arruinado, que en su cámara estaban perfectas, y que ella tenía una cámara muy cara, por lo que era imposible que las fotos salieran oscuras o desenfocadas. Finalmente le devolvimos su dinero, a pesar de que no habíamos hecho nada malo, y para nosotros fue un gasto importante de tiempo y papel.
La mujer nos llamó 30 minutos más tarde y nos dijo que estaba en una tienda al otro lado de la ciudad, y que habían vuelto a imprimir todas sus fotos y que eran hermosas, que estaban enfocadas y brillantes. Tuve que decirle que la tienda al otro lado de la ciudad era del mismo dueño que la nuestra, y que no solo habría tardado varias horas en imprimir 800 fotografías, sino que su impresora estaba estropeada ese día, así que era imposible que hubieran impreso algo. Me colgó. Fuente.

5.
Mi padre es incapaz de responsabilizarse de sus acciones, y mi mayor miedo es terminar siendo como él. Por ejemplo: mi hermano mayor hace tiempo que le excluyó de su vida. Mi padre me dijo que tenía una nota que le gustaría que le diera a mi hermano, un último intento de recuperar el contacto con él. Pensé que sería una nota de disculpa, en la que quizás admitiría sus errores, o su arrepentimiento hacia ciertas cosas (por ejemplo, intentar estrangularle cuando era un niño).
Pero no. La nota simplemente decía, con la letra y gramática terrible de mi padre: «¿Por qué no contactas a mi? ¡Nunca intenté hacerte daño!» Lo único que quería era culpabilizar de todo a mi hermano. Odio a mi padre. Fuente.
6.
De vez en cuando, mi jefe entra en mi despacho y se tiraba ventosidades intencionalmente. Luego se marcha riendo como un niño. Es repugnante y poco profesional. Siempre que protesto, se ríe de mí; de hecho, parece animarle a seguir haciéndolo. Por lo general, salgo del despacho para que se ventile, pero a veces él lo hace cuando estoy hablando por teléfono o justo antes de que un cliente entre en mi oficina (que se marchará pensando que tengo un problema de gases). Fuente.
7.
Tengo una amiga que a menudo saca a colación hechos innecesarios sobre tu vida para chincharte. Muchas veces se sale con la suya, porque las cosas que dice son técnicamente ciertas, simplemente son de mala educación e innecesarias. Cuando alguien le llama la atención o le responde de manera similar, se enfada.
Por ejemplo, hace unos días durante una cena mencionó que una de las chicas nunca había tenido novio y lo raro que era. A pesar de que la conversación no tenía absolutamente nada que ver con ese tema. Fuente.

8.
Estando de vacaciones con mi familia, fuimos a una pizzería tipo buffet. De postre tenían unos rollitos de canela deliciosos que tenían mucha demanda. Mi papá y yo nos pusimos a la cola para conseguir uno, y en cuanto los repusieron, un tipo enorme que estaba el primero de la fila literalmente cogió toda la bandeja y se fue con ella a su mesa. Eran unos 30 rollitos de canela. No había nadie más en su mesa. Fuente.
9.
Celebramos el amigo invisible en mi trabajo, y un colega me regaló papel higiénico con sudoku impreso. Lo peor es que claramente ya había sido regalado antes, teniendo en cuenta el estado del embalaje. Fuente.
10.
Cuando era joven y tenía un trabajo basura, un cliente se enfadó porque le dije que tenía que esperar en la fila como todos los demás antes de poder hacer su compra. De pronto, exclamó: «¿Es que no sabes quién soy? ¡Soy dueño de hoteles!».
A lo que respondí: «Bueno, señor, lo siento, pero esto no es Monopoly, esto es una tienda de donuts».
No le hizo gracia. Fuente.

11.
Cuando trabajaba en una tienda, un cliente intentó devolver un ordenador que tenía aproximadamente un año. Le pregunté si tenía algún problema.
«Simplemente no funciona».
Lo encendí, me conecté a Windows, accedí a la red inalámbrica y me conecté. Abrí Office, y todo parecía funcionar correctamente. Se lo enseñé, y volví a preguntarle cuál era el problema.
«Simplemente no funciona».
Le pregunté nuevamente qué era lo que le pasaba a la máquina, para querer devolverla un año después.
«Simplemente no funciona. ¿Me estás diciendo que un coche no arranca, funciona correctamente?»
En ese punto perdí la paciencia con él, y le dije: «No señor, estoy diciendo que si hubiera un coche y todos pudieran arrancarlo excepto una persona, yo no culparía al coche». Fuente.
12.
Una vez estaba comiendo en un restaurante de comida rápida y estaba haciendo cola para pedir un poco de salsa, mientras una clienta le gritaba a uno de los empleados de la cocina. Había desarmado el burrito y se quejaba de que no había suficiente cantidad de comida. Me acerqué y dije: «¡Me parece que está bastante bien para valer 89 centavos!» Se marchó furiosa. Fuente.
13.
Tengo un amigo que siempre se siente obligado a comportarse como un DJ multimedia: no importa de qué estemos hablando, tiene que usar su teléfono y reproducir clips de sonido o películas que no tienen nada que ver con lo que estamos hablando. Además, siempre son los mismos clips, todos de la misma serie de películas. Fuente.

14.
Estaba sentado en mi coche haciendo algunas fotos con mi nuevo smartphone mientras probaba diferentes configuraciones. De pronto apareció un coche conducido por una mujer, que se detuvo en una calle de un solo sentido con un solo carril. Se quedó ahí unos 10 segundos sin hacer nada. Me pareció que era muy raro, así que empecé a grabar un video. Apareció otro conductor y al ver que no podía pasar tocó la bocina. Entonces, ella empezó a dar marcha atrás hasta que golpeó el coche del otro tipo con su gran BMW. Salieron 4 personas del BMW y empezaron a gritarle.
Hay que saber que en Alemania siempre se culpará al que golpee a otro coche por detrás si no puede demostrar que no fue culpa suya. Se trata de un fraude típico a la aseguradora.
El pobre conductor del coche de atrás estaba realmente preocupado porque sabía que no podía demostrar lo que había ocurrido. Me quedé sentado en mi coche y esperé a que apareciera la policía. Cuando llegaron, les contaron la historia… y por supuesto era la versión de 4 personas contra la de uno. Me quedé allí cerca y escuché a la mujer que conducía quejarse de que ese idiota la había golpeado por detrás y que su coche nuevo ahora está dañado.
La policía tomó la declaración de todos, incluyendo la mía. Dijeron que era la palabra de 4 personas contra la de dos. De hecho, dos de los que salieron del BMW dijeron que no conocían a la mujer y que eran peatones que habían sido testigos, para tener más credibilidad.
Hicieron muchas declaraciones falsas a la policía, y eso era exactamente lo que quería que sucediera. Entonces, al más puro estilo Colombo, le dije a la policía: «Sólo una cosa más». Les enseñé el vídeo de lo sucedido, y todos se quedaron con la boca abierta. No solo se podía ver cómo ella golpeaba al coche del otro, sino también que los supuestos «peatones» habían salido del BMW.
El chico del coche de atrás me abrazó, y nos hicimos buenos amigos. Resultó que vivía cerca de mí, y ahora pasamos la noche bebiendo y jugando a videojuegos. Fuente.
15.
Mi madre intentó convencer a la vendedora de entradas de que yo tenía 6 años (en realidad 12) y mi hermano 12 años (en realidad 19) para ahorrarse 6 dólares en un billete de autobús turístico. No hace falta decir que mi madre no consiguió el descuento. Especialmente porque mientras eso ocurría mi hermano se estaba fumando un cigarrillo. Fuente.
16.
Un primo empezó a seguir y acosar a otro primo durante alrededor de 3 años, de manera obsesiva. Con el tiempo lo admitió, pero no se enfrentó a ninguna consecuencia.
Nunca dio una razón en concreto, y ni siquiera conocía a su otro primo demasiado bien, simplemente empezó a hacerlo porque sí. Gran parte de mi familia nunca se lo creyó, porque parecía un gran tipo. Fuente.
17.
Cuando tenía 12 años fui al mercado a comprar un bollo, y me faltaban 5 céntimos. El dueño de la tienda me pidió que lo devolviera, y al final me marché sin llevarme nada. Cuando llegué a casa, le conté a mi mamá lo que había pasado y ella regresó conmigo al mercado. Pagó con un billete de 100, compró un caramelo de 5 céntimos y pidió el cambio. Adivinen qué moneda le faltaba. Encima tuvo la caradura de pedirle a mi madre que le perdonara los cinco céntimos. Fuente.

Y tú, ¿alguna vez te has encontrado con alguien que podría aparecer en esta recopilación?