Especialmente cuando somos niños, soñamos con tener o hacer cosas que puede que para nuestros padres fueran inalcanzables. Mientras la publicidad nos expone a todo tipo de cosas, es probable que nuestros progenitores no estuvieran en posición de llevarnos a Disneyworld, comprarnos el juguete más caro, o vestirnos con ropa de marca.

A medida que crecemos, nos damos cuenta de que cada familia tiene unas circunstancias únicas. Puede que otros niños de nuestro entorno sí pudieran permitirse ciertas cosas, que para nosotros eran demasiado costosas. Y, al contrario, puede que otros consideraran que nuestro estilo de vida era lujoso, aunque nosotros no lo considerábamos como tal. Por ese motivo, siempre es importante aprender a valorar lo que tenemos.
Te traemos testimonios de personas para las que cosas tan sencillas como comprar un helado eran inalcanzables cuando eran pequeños. ¡Esperamos que te ayuda a poner las cosas en perspectiva!
1.
Para mi, un lujo es no saber EXACTAMENTE cuánto dinero tienes en un momento dado. Fuente.

2.
Lujo es comer pizza porque quieres, no porque cuesta $2. Eso, y que mi madre coma con nosotros con normalidad, en lugar de fingir que el borde es su parte favorita, y que por eso solo se come el que le dejamos.
Recuerdo ir a una casa de empeño a vender sus cosas, y luego ir a Taco Bell de camino a casa. Ella no comía nada, simplemente se sentaba delante de mí y de mi hermana y nos veía comer. Cuando tenía 9 años no me enteraba, pero ahora con 42 años sí Fuente.
3.
Cuando era niño, pensaba que tener una terraza en la parte trasera de la casa significaba que la familia estaba forrada. Uno de mis compañeros del equipo de baloncesto vivía en una casa donde todos tenían su propia habitación, y además tenía terraza, y pasillos anchos. Creía que eran millonarios.
Hoy tengo todas esas cosas y una piscina porque los niños querían una y podíamos permitírnoslo. Aprendí que eso no significa que seamos ricos, solo que vivimos con comodidad. Estoy feliz de que mis hijos hayan tenido una infancia mejor que la mía. Fuente.
4.
Ir a una tienda a comprar muebles. Quiero decir, comprar cosas NUEVAS, no solo lo que podamos encontrar barato en tiendas de segunda mano o ventas de garaje. ¡Eso sí me parece un lujo! Fuente.

5.
Mi madre solía poner la calefacción, pero antes de hacerlo teníamos que ir de habitación en habitación y cubrir con cinta adhesiva los conductos que iban a las habitaciones «menos importantes». Es decir, todas las habitaciones excepto la sala de estar y su dormitorio. Fuente.
6.
Para mí, un lujo es poder comprar algo que necesitas, sin tener que preguntarse hasta qué punto lo necesitas. Fuente.
7.
Recuerdo estar emocionado cuando tenía 20 años porque tenía el suficiente dinero como para permitirme guardar los regalos de Navidad en lugar de empeñar o vender cosas. Fuente.

8.
Una pastilla de jabón de menos de 1 centímetro de grosor, el plástico del desodorante raspando tu axila porque todavía queda algo, la navaja de afeitar desechable de 1 hoja que está un poco oxidada pero «todavía sirve». Son cosas que tengo grabadas. Ahora me va mucho mejor, vivo con comodidad, pero sigo siendo frugal. Mi esposo tiene que decirme a veces, simplemente tíralo y compra uno nuevo. Fuente.
9.
Me terminaron gustando los sándwiches de queso con pepinillo, porque podíamos permitirnos comprar un paquete grande de queso en lonchas y un frasco grande de pepinillos.
Mi oficina abrió una tienda en el primer piso en la que se podía pedir cualquier tipo de sándwich, y lo primero que pedí fue uno de queso a la parrilla con pepinillos, con un poco de mantequilla.
Mis compañeros de trabajo pensaron que era muy raro, pero el cocinero lo entendió al instante. Dijo: «Vosotros nunca tuvisteis que comer sándwiches sin carne … ¡erais lo suficientemente ricos como para comprar mortadela!» Fuente.
10.
Niños que iban a un campamento de verano. A mi me enviaban con una familia que vivía muy lejos, y trabajaba con ellos en la granja familiar. Fuente.
11.
No recuerdo haber tenido nunca artículos de marca, comida o ropa. Todo era genérico. Le compré a mi hijo un par de zapatillas Nike, y me sentí como un millonario por hacerlo. Fuente.

12.
Tener un coche me parecía de ricos. Mi papá se había memorizado los horarios de los autobuses urbanos. Terminamos conociendo a todos los conductores de autobuses. Cuando trabajaba en una tienda de comestibles, el conductor me esperaba en la parada del autobús si llegaba unos minutos tarde. Fuente.
13.
Mi ciudad natal tiene un puesto de helados que es bastante conocido y muy apreciado. Cuando era niño NUNCA íbamos porque era demasiado caro, según mi padre.
En la escuela secundaria, mi entrenador llevó a todo el equipo el último día de verano antes de que cerrara el puesto, y le compró un helado a todos. Pensé que la factura habría sido de cientos de dólares…
Cuando fui adulto, comencé a ir allí y descubrí que los conos de helado costaban entre $1 y $2. Solo somos 4 en mi familia. Fuente.
14.
Visitas habituales al médico, o ir a un dentista por cualquier motivo que no sea una emergencia. Fuente.

15.
Contratar a alguien para que haga la mudanza. Especialmente si ellos también empaquetan todos tus trastos por ti.
Muchas veces, cogía prestada la camioneta de un amigo (a cambio de pizza y cerveza) para mover mis cosas de un sitio a otro. Para mi mudanza más reciente, mi esposa y yo empaquetamos todo, pero contratamos profesionales para cargarlo y descargarlo. Me sentí como un rey. Fuente.
16.
Esos frigoríficos con dispensador de agua. Fuente.
17.
Hay una frase de Nick en la serie New Girl, que describe estar bien como «poder llenar tu tanque de gasolina hasta el tope». Así quería estar. Cómodo. No tener que hacer cálculos matemáticos en el supermercado para ver qué alimentos podía comprar. Odiaba eso. Simplemente quería poder ir a comprar artículos de primera necesidad como gasolina y comida sin preocuparme. Me siento orgulloso de poder decir que ahora suelo llenar mi tanque de gasolina por completo, y no hago cálculos cuando compro alimentos. Fuente.

18.
Mi padre siempre hizo todo lo posible para asegurarse de que tuviéramos todo lo que queríamos y necesitábamos, y se le daba muy bien. Cuando tenía unos 12 años o algo así, nos llevó a mí y a mi hermano pequeño a un buffet, pero no compró uno para él porque dijo que no le gustaba la pizza y que no tenía hambre. Aunque sabía que le encantaba la barra de ensaladas, le creí. De todos modos, cuando cogí mi comida, le ofrecí una rebanada y se la comió.
Entonces, uno de los trabajadores se acercó y le dijo que tenía que comprar un buffet si quería comer. Seguramente la gente sentada en la mesa de al lado nos escuchó, porque unos minutos después el empleado se acercó a nosotros y le dijo a mi papá que habían pagado por su buffet.
Disfrutó muchísimo de esa barra de ensaladas. Fue entonces cuando me di cuenta de que no teníamos todo el dinero del mundo, y que no es que él no tuviera hambre, simplemente no quería «gastar dinero» en sí mismo. Fuente.
Y a ti, ¿qué te parecía un lujo cuando eras niño?