18 personas cuentan las ocasiones en las que dieron gracias por hacer caso a su instinto

Mucha gente considera que la razón es más certera que la intuición. Sin embargo, existen estudios científicos que ponen en entredicho esta afirmación. Según los mismos, en muchos casos las decisiones basadas en la intuición podrían ser tan validas o más que las basadas en la razón. Dicho de otra forma: a menudo, tu instinto acierta.

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Puede que te haya ocurrido alguna vez que tu razón termina demostrando que realmente había motivo para no fiarte de algo o alguien, aunque al principio no encontraras motivos de peso. Es decir, racionalmente no existían razones para no confiar, pero vuestra intuición os decía que era mejor ser prudente.

Lo cierto es que la mente tiene infinidad de experiencias grabadas. Tenemos recuerdos almacenados desde los 4 años, y a partir de entonces hemos vivido situaciones de todo tipo y conocido a mucha gente, tanto buenas como malas. Estas experiencias se quedan grabadas en alguna parte de la memoria.

Aunque no los podamos revivir de manera nítida, estos recuerdos son los que hacen, sin estar seguros del motivo, una persona nos parezca poco fiable. O que algo saldrá mal si tomamos una decisión en concreto.

Es precisamente lo que le ocurrió a los protagonistas de esta recopilación. Sus historias tienen algo en común: hicieron caso de su instinto —o no—, y terminaron descubriendo que este no se equivocaba. Os advertimos que algunos de los relatos son realmente impactantes.

1.

Me ocurrió dos veces, en dos pedidos de pizza a barrios peligrosos. Algún detalle hacía que no tuviera buena pinta, hice caso a mi instinto y no fui. Las dos veces, nadie volvió a llamar preguntando por qué no llegaba su pedido. Es toda la demostración que necesito. Fuente.

2.

Cuando era joven, vivía con mi marido en una base militar. Por entonces, la base estaba abierta y mucha gente que vivía cerca la usaba como atajo para ir de una ciudad a otra. Una semana, en el periódico gratuito de la base dijeron que los encargados de mantenimiento iban a empezar a instalar ventiladores en los áticos.

A los pocos días, alguien llamó a mi puerta y dijo que venía para instalar el ventilador del ático. Sospeché inmediatamente: me fijé en que no parecía militar, estaba sucio, sin afeitar y con manchas de pintura en la ropa. Pero sobre todo me sorprendió la reacción de mi perra. Candy era un cruce de pastor alemán y husky, no era un animal pequeño. Se interpuso entre los dos, con el pelo de punta y gruñendo, ese tipo de gruñido que sale del pecho y que más que oírlo lo sientes.

Le pedí al hombre una identificación, y me dijo que “no necesitaba una maldita puerta”. Intentó entrar, y Candy rugió y saltó hacia él. El hombre retrocedió y se golpeó con la puerta de tela metálica. Cogí a Candy, cerré la puerta de golpe y puse el cerrojo. En ese momento, llamé a seguridad.

Cuando vinieron, verificaron que a mi calle todavía no le tocaba la instalación, y recogieron toda la información que pudieron sobre el hombre. Nunca me contaron nada más sobre el asunto, así que probablemente no le identificaron.

Dos o tres semanas después, vinieron los instaladores, con uniforme militar. Enseguida me mostraron la orden de trabajo y sus identificaciones. Candy les miró, y se marchó a jugar con el bebé.

Estoy segura de que me salvó de algo muy malo. Fuente.

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3.

Era 1995, yo tenía 18 años y vivía con mis padres. Volvía a casa después de haber estado con mis amigos, eran aproximadamente las 2:00 en pleno verano. Yo vivía a 5 ó 6 bloques de distancia, y solía estar con ellos viendo películas al salir del trabajo.

Normalmente iba en coche a su casa, pero esta noche aparqué cerca de mi casa y caminé hasta allí. No solía haber mucho tráfico en esa calle, pero esa noche cuando estaba a medio camino me adelantó una camioneta con 2 personas en la cabina y otras dos en la parte trasera. Sentí inmediatamente que estaba en peligro.

Por el rabillo del ojo vi que la caminonera giraba, así que rápidamente salté los arbustos del patio más cercano, y me escondí debajo de ellos. Vi que la camioneta se acercaba y conducía lentamente. Cuando llegó a la altura de donde estaba escondido, uno de los tipos dijo “¿Dónde se ha metido?”, y otro respondió que no lo sabía. Siguieron conduciendo, y no les volví a ver.

Me quedé escondido unos 15 minutos antes de salir y correr de vuelta a casa. Estoy seguro de que si me hubieran visto me habrían atacado. Fuente.

4.

Un amigo trabajaba en un hospital, y a veces volvía a casa muy tarde. Vivía en un suburbio de Londres llamado Seven Sisters, que no era el más seguro. Cuando salió del metro y empezó a caminar hacia su casa, se da cuenta de que le siguen 3 hombres muy grandes. Me dijo que no sabía explicar por qué, pero que empezó a tener la sensación de que le seguían. Hizo la comprobación alternando caminar más lento y más rápido, y todas las veces se adaptaban a su velocidad. No llevaba mucho tiempo viviendo ahí y tenía 3 llaves, una para la puerta delantera, otra para la trasera, y otra para su habitación.

Como era un sitio nuevo, no tenía interiorizado qué llave era para cada puerta, así cuando llegó a la puerta delantera probó una de ellas y no funcionó. Miro hacia atrás y vio que los hombres habían abierto la puerta del patio delantero y se acercaban. Probó la segunda, y milagrosamente abrió la puerta, así que entró y volvió a cerrarla con llave. Calló de rodillas y cuando miró por la ranura para las cartas vio a los 3 tipos allí de pie hablando entre ellos durante unos minutos antes de marcharse. Mi amigo se pregunta qué le habrían hecho si hubiera sido la tercera llave la que abría la puerta. Fuente.

5.

Cuando era niño, siempre desconfié de un tío por el lado de la familia de mi padre. No éramos familia directa. Incluso de niño, no me gustaba estar cerca suya. Nunca me dio ningún motivo para sentirme así, y nunca se lo conté a nadie. Cuando crecí, mi familia se mudó y cada vez le veía menos, pero cuando se reunía la familia por alguna festividad siempre estaba y trataba de evitarle.

Un par de años después, cuando tenía 12 ó 13 años, mi padre se sentó conmigo y mi hermano mayor y nos contó que mi prima, la hija de mi tío, había sido abusada por él desde que era pequeña. Salió a la luz cuando mi tía le descubrió haciéndolo. Después me enteré de que también había abusado de mi tía. En este caso, me gustaría que mi instinto no hubiera sido correcto. Fuente.

6.

Fui a un centro comercial a recoger una cosa, así que imaginé que sería un viaje rápido. Cuando estoy en la tienda me doy cuenta de que soy la única chica aparte de las empleadas. No encontré lo que buscaba y tuve que preguntar a varias personas antes de encontrarlo.

Cuando estoy yendo hacia mi coche, me fijo en un tipo muy sospechoso apoyado en un arbol a un lado de mi coche. Al otro lado del coche hay otro tipo sospechoso sacando la mano por la ventanilla de coche. Cuando salí los dos se giraron para mirarme. Mi corazón se detuvo y empecé a sentirme mareada, mi cabeza inmediatamente me aconsejó que me diera la vuelta y volviera dentro. Me quedé temblando delante de la tienda hasta que me atreví a pedirle a un empleado que me acompañara mi coche.

En cuanto me vieron salir con un empleado, el tipo que estaba junto al árbol caminó hasta llegar la asiento del conductor del coche aparcado al otro lado. Sigo jurando que estuve a muy poca distancia de haber sido secuestrada. Fuente.

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7.

Soy un tipo alto y calvo de 1,82. Tengo un coche Smart. Una noche, salí de la tienda con la compra en dirección a mi coche, y me fijé en una furgoneta blanca aparcada cerca de mi coche que no estaba allí cuando entré. No me preocupé. Cuando estaba a medio camino, la furgoneta arrancó de forma abrupta y se marchó acelerando. Me pregunto si son imaginaciones mías, o si estaban esperando que el cochecito fuera de una mujer. Fuente.

8.

Cuando tenía veinte años, estaba una tarde sola en mi apartamento de estudiante. Estaba esperando al instalador de la televisión por cable, así que cuando escuché que llamaban a mi puerta abrí. Me encontré con un hombre mayor, que claramente no era el instalador porque no tenía puesto un uniforme. Le pregunté qué quería, y me dijo que estaba instalando alarmas de seguridad en los apartamentos. Inmediatamente desconfié de él y le dije que no era buen momento ya que mi compañera de piso estaba haciendo una llamada de larga distancia, que por entonces eran carísimas, a sus padres. Ella no estaba allí, pero no quería que pensara que estaba sola.

Él me preguntó que dónde estaba ella, pero yo simplemente le cerré la puerta en las narices diciéndole que no era un buen momento. A la mañana siguiente llamé a mi casero y le pregunté sobre la instalación de alarmas de seguridad, ella me dijo que no sabía de qué le estaba hablado y que no había autorizado nada.

Mujeres, si alguna vez os encontráis en una situación en la que parece que estáis solas, intentar hacer creer a la persona que os crea inseguridad que no estáis solas. Fuente.

9.

Salí con un tipo durante 3 años y medio. Se unió al ejército, y unos meses después una chica de su base hizo una publicación de Acción de Gracias en la que hablaba sobre ser agradecida. Etiquetó a mi novio y a mucha otra gente. Le interrogué varias veces pero me aseguró que ella solo era una amiga. Hasta 5 meses después, que me confesó a través de un meme que la había dejando embarazada.

Resultó que cuando la dejó embarazada ya llevaba unos 9 meses engañándome con ella. Lo admitió. Así que mi instinto había sido absolutamente correcto. Fuente.

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10.

Iba conduciendo y me detuve en un semáforo en rojo. A la izquierda hay una pendiente que sube una colina, sigue cuesta abajo a la derecha. Hay muy poca visibilidad a la izquierda.

El semáforo se pone en verde, pero mi cerebro me dice: “Eh, colega, espera un segundo”. Se que parecerá extraño, pero me quedé ahí parado.

Un milisegundo después, una camionera enorme cruza cuesta abajo a través de la intersección, saltándose el semáforo en rojo, a unos 70 kilómetros por hora.

Si hubiera arrancado, mi coche habría sido arrasado por una camioneta Ford de 3 toneladas. En vez de eso, hice caso de mi sentido arácnido. Fuente.

11.

No fue mi instinto, sino el de mi esposa. Un amigo del trabajo solía venir a casa a pasar el rato y jugar a la Xbox. Aunque era un tipo extraño, me caía muy bien. Era un gran jugador de Call of Duty, y contaba unas historias increíbles que todo el mundo pensaba que eran pura fantasía.

A mi mujer, que por entonces solamente era mi novia, siempre le dio mal rollo. Decía que la miraba con mucha agresividad y malicia, pero nunca hubo un gesto específico que le hiciera sentir molesta. Con el paso del tiempo, dejé de juntarme con él, ya que no coincidíamos nunca en el trabajo.

Unos años después, un amigo común me llamó para decirme que la policía había matado a mi amigo de Xbox. Desafortunadamente, después de que hubiera asesinado a su mujer y a un vecino. Una locura. Fuente.

12.

Estaba viviendo y trabajando en Corea, y un día cuando salía del metro vi a un hombre hablando con otra mujer extranjera. Ella tenía la típica sonrisa educada y de compromiso, en plan, no-sé-por-qué-este-tipo-me-está-hablando. Me acerqué a ella, puse mi brazo alrededor del suyo, y le dije: “¡Eh, Sarah! ¡Aquí estás! ¿Nos vamos ya?” Empezamos a caminar, y el tipo nos siguió, pero aceleramos y giramos abruptamente para meternos dentro de una cafetería. Nos escondimos, y vimos cómo el tipo pasaba de largo, todavía buscándola. Terminamos tomándonos un café y charlando, resultó que le había estado siguiendo desde que se bajó del tren, y que poco a poco se había ido poniendo más agresivo con ella. ¡No sé qué habría ocurrido, pero me alegré de haber intervenido! Fuente.

13.

Cuando era un niño en los 80, estaba jugando en el patio delantero de mi casa cuando una furgoneta se detuvo en la carretera y abrió la puerta lateral. Dentro había un tipo de unos 19-20 años que gesticulaba agresivamente para que me acercara a la furgoneta, e inmediatamente supe que algo no estaba bien así que entré corriendo en casa y se lo dije a mis padres. Se asustaron, pero cuando corrieron al exterior la furgoneta ya había desaparecido…

Por entonces no nos advertían tanto sobre desconfiar de los extraños, y no teníamos ni idea de lo que era un secuestro. Echando la mirada atrás, mi vida podría haber terminado ese día si me hubiera acercado a la furgoneta. Siempre me he preguntado si en aquella ocasión consiguieron convencer a algún niño de que se metiera dentro. Fuente.

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14.

El año pasado, me quedé despierto hasta tarde viendo la televisión. Mi madre había estado peleando contra un cancer de pecho con metástasis. Esa noche, bajó las escaleras y se quedó conmigo hasta que decidí acostarme. La miré y en mi corazón supe que le quedaba muy poco para marcharse. Así que le dije buenas noches. Y ella me dijo adios, lo que me confundió. Hasta que la mañana siguiente mi padre me despertó y me dijo que mi madre había fallecido durante la noche. Todavía me pregunto cómo lo supimos. Fuente.

15.

Empezó como una sensación visceral de que había algo raro con el novio de mi madre. Una vez que me sentí así, empecé a ver las banderas rojas. La primera, la forma en la que el perro reaccionaba a su presencia. A día de hoy, es la única persona que no le ha gustado a mi perro. Es posible que le hubiera dado una patada cuando no estábamos nosotros. La siguiente bandera roja era que cuando venían sus hijas, de 6 y 8 años, no querían pasar el tiempo con él y preferían estar con mi madre. Era como si intentaran evitarle.

Terminé compartiendo mis reservas con mi madre, y ella también empezó a fijarse en cosas, así que terminó cortando con él. Meses más tarde, le contactó un detective. Por lo visto, su ex había sido pillado intentando acostarse con la hija de su novia actual, así que querían el testimonio de mi madre. Me alegro de que le pillaran, y por lo que parece va a pasar algún tiempo en la cárcel. Fuente.

16.

Una amiga y yo estábamos de camping con mi familia. Había un tipo más mayor y muy guapo que había ido él solo de acampada. Nos invitó a su hoguera y hablamos un rato. Después, nos invitó a las dos a su caravana. Teníamos 12 ó 13 años. Mi amiga quería ir, pero yo empecé a temblar y me negué. No me marché hasta que convencí a mi amiga de que viniera conmigo. No tengo confirmación de que tuviera malas intenciones, pero echando la vista atrás no creo que fueran buenas. Fuente.

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17.

Llevaba un par de semanas sin hablar con una amiga, y de pronto algo me dijo que tenía que hablar con ella en ese momento en concreto. Inmediatamente, le envié un mensaje. Terminamos hablando un par de horas hasta que se hizo de noche. Un mes más tarde, de pronto ella me envía un mensaje diciendo “Gracias”. Le pregunté por qué me daba las gracias. Me dijo que aquel día en el que tuve la sensación de que debía hablar con ella, había estado contemplando quitarse la vida. Gracias a que estuvo hablando con alguien aquel día, abandonó la idea, y no había vuelto a sentirse así desde entonces. Fuente.

18.

Ocurrió en uno de mis últimos fines de semana mientras estaba estudiando con una beca en Costa Rica. Una amiga y compañera de clase quería salir a tomar algo y bailar, pero yo y el resto estábamos cansadas. Me terminó convenciendo ya que era una de las últimas veces que íbamos a poder hacerlo allí. Mientras me preparaba para salir no me sentía bien. Tenía un presentimiento terrible. Mientras caminaba hacia la parada de autobús para encontrarme con mi amiga, tuve una sensación insoportable y pensé: “Hoy me van a atracar”. Quise darme la vuelta e irme, pero en ese momento mi amiga me vio, así que continuamos con el plan. Ese día nos secuestraron y nos robaron, y fue terrorífico. Nunca volveré a no hacer caso de mis presentimientos. Fuente.

Y tú, ¿alguna vez has tenido un presentimiento?