18 personas extraordinarias que ayudaron a un completo desconocido sin esperar nada a cambio

La importancia de enseñar buenas acciones a los más pequeños.

“Los buenos somos mayoría, pero no se nota, porque las cosas buenas son humildes y silenciosas; una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba, hay millones de caricias que construyen la vida…”. Esta frase es de Facundo Cabral, y viene a decir algo con lo que estamos muy de acuerdo: aunque en el día a día lleguen a nosotros cientos de noticias desalentadoras, lo cierto es que en el mundo existen otras tantas personas buenas, y dispuestas a ayudar a quien lo necesite.

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No solo es fundamental hacer buenas acciones, sino que no debemos olvidar nunca que es parte esencial de la educación de los más pequeños. Cuando les enseñamos a comportarse con generosidad, les ayudamos también a ver más allá de su propio punto de vista. De esta manera, adquieren habilidades relacionadas con la inteligencia emocional: la capacidad de identificar las emociones de los demás, la empatía, o la capacidad de tomar perspectiva.

Ser generosos es mucho más que dar a los demás, ya que con la generosidad también conseguimos disfrutar de lo que damos a los demás. O, dicho de otra forma, las buenas acciones tienen la capacidad de librarnos de sentimientos negativos y contribuyen al bienestar personal. Sin embargo, hay que ayudar a los demás independientemente del beneficio que podamos obtener.

Lo saben bien nuestros protagonistas de hoy. Se esforzaron en ayudar a completos desconocidos, sin esperar absolutamente nada a cambio. Tanto es así, que hasta que alguien hizo un hilo llamado “¿Qué es algo que has hecho por los demás porque te salió del corazón, pero no se lo has dicho a nadie?“, no habían compartido con casi nadie lo sucedido. Una muestra de que existe gente bondadosa que no espera ponerse una medalla por ello.

1.

Un día estaba muy estresado y me cogí un día de asuntos propios, pretendía ir a casa de mi madre y dormir. Terminamos yendo al centro comercial, y aunque ella no estaba muy bien de dinero, quiso invitarme a comer. De pronto, se dio cuenta de que paseando por el centro comercial había perdido el billete de $50 que acababa de sacar. Estaba desvastada.

En un puesto cambié mis billetes más pequeños por un billete nuevo de $50, lo doblé como hacía ella, y lo tiré debajo del asiento de su coche. Al día siguiente, me llamó llorando y me dijo que se alegraba de haberlo encontrado, porque sin él estaba complicada la compra de comida de la semana.

Cogerme ese día me ayudó a no tener una crisis total. Creo que $50 fue un precio pequeño para pagar por lo que ella hizo por mí ese día. Fuente.

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2.

Compré medicina para el hijo de la mujer que tenía delante en la farmacia. La mujer, una madre soltera, estaba llorando porque no tenía los $200 del copago para ese mes. Le di mi número y le dije que me llamara en los próximos días. Eso fue hace años. Ahora gestiona la oficina de mi clínica, gana dinero suficiente para cualquier cosa que necesite, y es una de mis amigas más cercanas. Ser amable literalmente puede cambiar vidas. Fuente.

3.

A principios de año, perdí a mi madre, y aún estoy procesando el duelo. La primera semana tras volver al trabajo, mis compañeros me dieron un cheque por valor de cientos de dólares como gesto de amabilidad. Me quedé sin saber qué decir por su generosidad.

La semana siguiente entré en la sala de descanso y vi a una de las informáticas con la mirada ausente. Resultó que la acababan de llamar para decirle que su hermano había perdido la vida la noche anterior. Ella acababa de mudarse a nuestra ciudad hace apenas un año y no tenía familia cerca. Mientras la abrazaba y la escuchaba llorar, le compré un billete a casa. Costaba varios cientos de dólares, porque era una ciudad pequeña y el vuelo era para ese mismo día. Le dije que estuviera con su familia y que me hiciera saber cuando estaba preparada para volver. No me cabe ninguna duda de que eso es lo que mi madre hubiera querido que hiciera. Fuente.

4.

Soy miembro de un grupo de Facebook sobre Los Sims, en el que la gente habla sobre el juego, las expansiones, etcétera. Me fijé en un comentario de una adolescente que dijo que su expansión favorita sería Perros y gatos, pero que no se lo podía permitir. Entré en su página y vi que realmente le encantaban los animales. Pero por sus fotos, también puede ver que su madre tenía movilidad reducida y que seguramente no les sobraba el dinero. Cuando tenía su edad tuve la suerte de poder comprarme las expansiones cuando salían, y usaba Los Sims para relajarme después del colegio y los deberes. Pensé que esta chica necesitaba un poco de escapismo mucho más que yo, así que le compré cada expansión, le envié los códigos de activación, un enlace a un vídeo de YouTube que explicaba cómo usarlos, y un mensaje corto diciéndole que esperaba que disfrutara jugando y que siguiera sonriendo. Fuente.

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5.

Mi madre estaba sentada conmigo comiendo algo en el centro comercial. Vio a una familia en la que los niños lloraban de hambre. Mi madre se levantó, partió en dos la pizza, y se la dio a esa familia. Me quedé alucinado con cómo hizo eso de la nada. Fuente.

6.

Soy técnico informático, normalmente trabajo con pequeños negocios y reparaciones caseras. Tengo muchos clientes con dinero, pero otros que no tienen tanta suerte. No es raro ir a una casa y que sea obvio que no les sobra el dinero. En esas ocasiones, no les cobro nada, o cobro algo simbólico. A veces también reciclo viejos PCs y se los doy a personas que tienen uno irreparable.

Mi pago favorito fue una vez que me dieron una cesta llena de tomates de cosecha propia, estaban deliciosos. Fuente.

7.

Hay una parada de autobús semi abandonada detrás de una tienda en la que solía trabajar, y un invierno un sintecho empezó a dormir allí en un banco que hay entre la parada y el aparcamiento. Un día llegué 15 minutos antes al trabajo y le vi durmiendo, llevando solamente una camisa de flanela y vaqueros. Así que corrí dentro de la tienda, compré una manta, y se la eché por encima.

No se despertó así que nunca supo que había sido yo. Ahora cada vez que le veo sentado en ese banco, lleva la manta encima. Fuente.

8.

Trabajaba en una tienda de alimentación, y una mujer mayor, Maggie, venía todos los lunes y viernes a comprar comida. No podía andar bien, así que siempre la ayudaba con el carro y la avisaba por megafonía para que no tuviera que hacer cola.

Una vez, de pasada, mencionó que vivía a uno o dos bloques de distancia de la tienda, y me dio su dirección. Me dijo que solo abandonaba la casa para comprar comida. Durante los dos años que trabajé allí, cada vez que nevaba los lunes o miércoles, me levantaba muy temprano con una pala y algo de sal para quitar la nieve de sus escalones y de la acera hasta la tienda, para que pudiera llegar sin problemas para comprar comida. Fuente.

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9.

Cuando tenía 12-13 años, le di a un sintecho una botella de agua y un sandwich cada día durante 2 meses. Estaba en un curso de verano y le daba mi propia comida, ellos nos daban otro almuerzo así que se lo daba a él. Fuente.

10.

Una mujer escapó de su matrimonio problemático sin mucho más que sus hijos y algo de ropa en una mochila. Se corrió la voz en mi red de contactos de que había algunas cosas que necesitaba. Empaqué algunas cosas de la lista, junto con algunas cosas que no había pedido. Yo había joyería como afición, así que metí algunos pendientes y una bolsa de regalo con cosas de plata y perlas. Añadí una nota escrita a mano diciéndole que necesitaba cosas bonitas y le deseé lo mejor. Fuente.

11.

Cuando veo a algún cajero que está teniendo un mal día, siempre me quedo mirando la selección de chuches, con cara de estar confundido sobre cuál coger. Les pregunto: “No puedo decidirme, ¿cuál es tu favorito?” Compro el que me digan, y después de pagar se lo doy y les digo que están haciendo un gran trabajo y que tengan un gran día. Siempre se alegran. Fuente.

12.

Al comenzar la pandemia, fui voluntario en una pizzería que daba porciones a los niños que no tenían nada que comer. Una mujer con 3 niños venía a diario a por sus porciones. Resulta que el padre de los niños había fallecido inesperadamente un poco antes de que comenzara la pandemia, y habían perdido la casa porque tenían un casero sin escrúpulos. La mujer perdió el trabajo porque no tenía nadie que cuidara a los niños. Vivían en una furgoneta y lo estaban pasando mal.

Siempre fueron simpáticos y agradecidos, pero estaban avergonzados por tener que venir a comer porciones de pizza gratis.

Yo había perdido mi trabajo pero me dieron una buena indemnización, me pagaron de una vez 2 meses de desempleo y los fondos del CARE Act. Mi casero tenía algunas propiedades sin alquiler y era un buen amigo mío, así que me puse en contacto con él y acordamos que pagaría el depósito y los primeros dos meses de alquiler, y él cubriría los gastos de suministros.

Le di a la mujer el número del casero y le dije que podríamos ayudarle a mudarse al día siguiente. Llevan viviendo allí desde entonces y ahora les va muy bien. Fuente.

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13.

En invierno, de lunes a viernes voy a la ciudad a practicar el órgano, y siempre hay un sintecho en los escalones de la iglesia cerrada. Cuando la abro, le invitó a que entre a calentarse y le dejo dormir en uno de los bancos de la iglesia que tienen cojines, mientras práctico mis lecciones de órgano. Siempre agradece mi ayuda y cuando tiene que marcharse me da las gracias y se va. Fuente.

14.

Si estoy haciendo senderismo y veo un árbol dañado, hago todo lo posible por curarle o quitar la parte dañada para que pueda seguir creciendo sin problemas. Es muy enriquecedor volver al año siguiente y ver que el árbol al que ayudaste ha crecido sano. Fuente.

15.

Una vez me encontré con un sintecho comiendo pizza y después de hablar un poco, le dejé usar mi ducha. Le ofrecí dormir en el sofá, pero se negó. Sus carcajadas en la ducha me hicieron feliz. Nunca se lo había contado a nadie. Fuente.

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16.

En el instituto, en clase de arte, había una chica a la que no conocía muy bien que era un par de cursos más joven que yo. Me di cuenta de que no tenía muchos amigos pero era muy dulce. Un día me contó que quedaba poco para su cumpleaños y que estaba muy ilusionada. Decidí enviarle globos y cosas así compradas en la tienda del instituto el día de su cumpleaños, pero como no nos conocíamos mucho no puse mi nombre. Lo mejor de todo es que el dependiente de la tienda del instituto se lo trajo durante la clase de arte y pude ver su reacción. Su cara se iluminó y nos dijo que tenía que haber sido su madre o su mejor amiga, y que no podía creerse que le hubieran hecho ese regalo. No dejó de sonreír durante toda la hora. Nunca le dije que había sido yo, simplemente estaba feliz de que se hubiera sentido especial. Fue un día genial. Fuente.

17.

En la sala de espera del médico, había un hombre mayor con un andador pidiendo un servicio de acompañamiento para gente mayor para poder volver a su casa. Por lo visto hubo una confusión y no pudieron hacerle llegar ningún conductor. Mi doctor me llamó y cuando volví a salir, el anciano todavía estaba allí hablando por teléfono. Le dije que si se fiaba de mi le llevaba a casa. Me respondió: “¡Pero si todavía no me ha visto el doctor!” Le dije que le esperaría. Estaba a punto de llorar.

Era un hombre absolutamente genial y lo pasamos en grande en el camino hasta su casa. Fuente.

18.

Un fin de semana, cuando era adolescente, estaba paseando sin rumbo. Cerca de una pequeña escuela abandonada encontré un tarro de plástico en cuya tapadera ponía “ÁBREME”, así que lo hice.

El tarro estaba lleno de judías secas y, enterrado en ellas, un pequeño papel con un dibujo en el que ponía: “¡Adios, Earl!”

Era un certificado de una emisora local de música country, que podías intercambiar por entradas gratis a un concierto de Dixie Chicks. Al día siguiente en clase me enteré de que era parte de un concurso en el que la emisora daba diariamente pistas sobre la localización del tarro, para que los oyentes pudieran buscarlo. Yo lo había encontrado completamente sin querer.

No me interesaba la música country, pero sabía que una chica de mi clase era una fanática de Dixie Chicks. Un par de días después de encontrar el tarro, al final de la clase, dejé el certificado en el suelo junto a su escritorio para que ella pudiera encontrarlo. Nunca había hablado con ella, ni lo hice después, aparte de compartir el aula nuestras vidas no tenían nada en común. Su mirada de incredulidad y de emoción y la manera en la que salió corriendo para contárselo a una de sus amigas fue lo mejor de mi día. Fuente.

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Y tú, ¿alguna vez has hecho algo digno de aparecer en esta lista?