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18 personas que actuaron sin pensar y terminaron sintiendo la mayor de las vergüenzas

En ocasiones, decimos las cosas sin pensar demasiado, o nos comportamos con demasiada naturalidad en situaciones en las que estamos rodeados de perfectos desconocidos. Entonces, nos damos cuenta de que los demás nos están mirando con los ojos abiertos como platos, con expresión de sorpresa, o que se están comportando de manera defensiva. En ese momento caemos en la cuenta de que hemos metido la pata hasta el fondo.

Donde pensábamos que estábamos siendo amistosos, e incluso maternales, en realidad estábamos pasándonos de la raya e incomodando a nuestro interlocutor. En esas situaciones, nos invade el bochorno y deseamos poder desaparecer. Aunque creas que no, es una experiencia bastante común, y a todo el mundo le ha pasado alguna vez. Si no te lo crees, echa un vistazo a estas historias de momentos sonrojantes, que seguro que te provocarán alguna que otra sonora carcajada.

1.

Cuando salió Snapchat por primera vez, no sabía que cuando hacías una captura de pantalla en la foto de alguien se le notificaba a esa persona. Fuente.

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2.

En el gimnasio, a menudo miro a mi alrededor entre series. No miro a nadie ni a nada en concreto, pero algunas veces me he dado cuenta de pronto que estaba mirando fijamente a alguien. Luego procedo a evitar todo contacto visual. Fuente.

3.

Esto sucedió al final de un turno de 12 horas de pie todo el día, así que estaba bastante cansado.

Conducía a casa después de un largo día de trabajo, y decidí tomar el atajo a casa, que era un camino rural oscuro, sinuoso y peligroso. Eran alrededor de las 22:30 y estaba completamente oscuro, aunque hay casas residenciales alrededor del área, no está completamente aislado pero sí bastante aislado. Mientras conduzco, cantando una canción de Taylor Swift que sonaba en la radio, veo de pronto a una niña caminando sola. Pensé que nadie caminaría por este camino aunque fuera el día, sería demasiado peligroso, así que era inusual.

Estuve a punto de no verla, ya que no había ningún camino de peatones en este camino tan estrecho, ni marcas viales, ni luces y apenas existía límite de velocidad. Ella no tenía equipo reflectante ni llevaba una fuente de luz. No la puse en peligro, ya que iba conduciendo despacio, pero hasta que no estuve a unos pocos metros de distancia no la vi. Al adelantarle, pensé para mis adentros: «Dios, ella va a ser atropellada por un coche o peor, ¿qué diablos está haciendo caminando sola por este camino, tan tarde?».

En mi estado de falta de sueño, di marcha atrás y volví hacia ella. En retrospectiva, la mirada en su rostro era de puro pánico, lo cual era completamente comprensible, yo también me asustaría si un desconocido de pronto diera marcha atrás en su coche hacia mí en este camino oscuro y aislado. Ella sacó su teléfono para fingir que estaba hablando con alguien. Bajé mi ventanilla y le pregunté si quería que la llevara hasta el final del camino o algo así, y ella simplemente me dijo que no, gracias. Seguramente ella está rezando para que no sea un psicópata, pero yo simplemente le dije que estaba bien, pero que tuviera cuidado porque los conductores no podían verla. Me fui a casa.

Sólo entonces me di cuenta de lo tonto que había sido, y del susto que debí haberle dado a esa pobre chica, ¡¿realmente creía que iba a meterse en mi coche?! Fuente.

4.

Cuando estaba en el instituto me enamoré de este chico del curso superior. Le pedía a mis amigos que me ayudaran a sacar o a encontrar fotos de él, y me las enviarían todas. Dos años después, me di cuenta de lo espeluznante que era y me dio mucha vergüenza. Fuente.

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5.

Un amigo tuvo una cita a ciegas con una chica, y ninguno de los dos sabía que vivían no solo en el mismo complejo de apartamentos, sino en el mismo piso. Él trabajaba de noche y ella de día, así que sus caminos nunca se habían cruzado. Ambos entraron en pánico así todo el camino a casa, cada uno en su coche, porque estaban convencidos de que la otra persona les estaba siguiendo. Fuente.

6.

Siempre cierro con llave la puerta de entrada en cuanto entro en casa, lo hago de forma automática. Un día, un tipo vino a arreglar mi conexión a Internet, y en cuanto entró cerrá la puerta con llave detrás de él. Inmediatamente dije: «Vaya, eso debe haberte resultado muy inquietante. Lo hago de forma automática», y rápidamente desbloqueé la puerta. Fuente.

7.

Conocí a este chico hace unos años en una aplicación de citas. Ambos teníamos nombres de usuario que no eran nuestro propio nombre y no teníamos nuestra cara en nuestras fotos de perfil. Después de conversar durante un día, compartimos selfies y luego acordamos encontrarnos para conocernos.

Terminamos teniendo una primera cita increíble, y varias más después. Tras unos meses de diversión, de repente terminó la relación. Me rompió el corazón.

Aquí es donde comienza lo «inquietante»: A la vuelta de la esquina de mi trabajo había un bar al que iba todo el mundo, aunque no era mi ambiente. Solía caminar un poco más lejos hasta un bar de jazz clandestino. Nunca había estado en el que estaba más cerca, pero un día decidí ir después de que algunos compañeros de trabajo lo sugirieron como alternativa. Bueno, resultó que la banda del chico con el que estuve saliendo tocaba allí bastante a menudo. Le vi allí unas tres veces, luego cambié de lugar de trabajo y nunca más regresé a ese local.

Terminé consiguiendo un trabajo en una cafetería en el centro de la ciudad. No había estacionamiento gratuito cerca, excepto literalmente delante del apartamento de este chico. Lo comprobé exhaustivamente, y era el único sitio cercano donde se podía aparcar. Durante tres meses, aparqué delante de su apartamento cada pocos días durante aproximadamente 8 horas. Después de eso, empecé a aparcar a unos kilómetros de distancia e iba al trabajo en e-scooter.

Con el tiempo, volví a conectarme a la aplicación de citas. Empecé a chatear con un tipo al azar sin foto y con un nombre falso, y resultó que era él. En cuanto se dio cuenta me bloqueó.

Más tarde, dejé ese trabajo y conseguí uno nuevo en un restaurante. Una noche pasé por delante con el coche para enseñarle a un amigo dónde trabajaba, y me fijé en que mi ex estaba allí. En mi próximo turno pregunté si iba allí a menudo, y me dijeron que era un cliente habitual, que pasaba allí mucho tiempo porque era amigo del dueño. Entonces me dijeron: «Oh, ¿tú eres la ex que le está acosando?»

Me contaron todo. Resultó que él pensó que estuve pendiente de las fechas de la gira de su banda para averiguar en qué bar tocaban, que aparcaba delante de su apartamento para acecharle, y que volví a la aplicación de citas para volver a hablar con él. Había estado hablando con el propietario y el personal durante meses sobre esta loca exnovia suya, y ahí estaba yo tratando de justificarme. Afortunadamente, me creyeron, pero le debieron hacer saber que yo trabajaba allí porque nunca más volvió. Pobre tipo. Fuente.

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8.

Hace 5 años me aficioné a la fotografía de aves. Me ayuda a desconectar de todo, me quita el estrés y me distrae. Es, por decirlo de alguna manera, mi momento.

Estuve intentando fotografiar a una garza real en un parque cercano por la mañana, con la luna de fondo, durante una semana completa. Tenía que esperar a que el pájaro se posara en algunos árboles específicos alrededor de las 7 a.m., así que iba todas las mañanas un rato antes del trabajo. Parece frustrante, pero es parte de la «diversión». Esperas, esperas y esperas hasta que finalmente sacas la foto perfecta.

Finalmente parecía que iba a conseguir la toma que tenía en mente, con el ave casi alineada con la luna. Bastante emocionado, verifique dos veces mi configuración. En lo que no me fijé es en que había una mujer haciendo yoga debajo del mismo árbol. Apunté con mi cámara durante un rato, y ella debió pensar que le estaba tomando fotos con un teleobjetivo bastante grande. Se alejó visiblemente enfadada.

Además, no conseguí hacer la foto de la garza. Fuente.

9.

Solía mirar a las mujeres a los ojos y luego apartar la mirada para hacerme el interesante. Lo hacía un par de veces para que ellas dudaran de hasta qué punto estaba interesado, creyendo que ellas pensarían que me gustaban un poco, pero no del todo. En realidad, a esas chicas probablemente les estaba poniendo nervioso ese bicho raro que las miraba fijamente, pero miraba hacia otro lado en cuanto se daban cuenta. Me pongo malo de la vergüenza. Fuente.

10.

Estaba buscando un apartamento nuevo, y conocí a una chica que vivía en un área que me interesaba y trabajaba muy cerca de donde yo trabajaba. La empecé a interrogar sobre qué trayecto hacía desde casa hasta el trabajo, dónde hacía la compra, etcétera, y no me di cuenta de que se estaba sintiendo cada vez más incómoda.

Finalmente, uno de mis amigos se dio cuenta de lo que estaba pasando y le explicó que no era un acosador, sino que estaba buscando un apartamento y trataba de averiguar cuál sería mi ruta al trabajo. La expresión de su rostro me hizo darme cuenta de lo incómoda que debí haberla puesto, y me explicó que por eso sus respuestas se volvían cada vez más vagas y evasivas a medida que avanzaba.

Me disculpé profusamente y ella estuvo tranquila al respecto. Terminé viéndola a menudo después de eso porque terminé mudándome a un apartamento al otro lado de la calle del suyo, y eventualmente nos hicimos amigos, pero la primera impresión fue malísima, sin duda. Fuente.

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11.

Soy una mujer de 27 años. Tengo un hijo de 5 años, y hace 6 meses aún no habíamos elegido un colegio aunque me lo estaba planteando. Pensé que preguntarle a una adolescente al azar en un tren a qué colegio iba y si le gustaba era una buena idea. Me di cuenta de que la chica perdió su parada, y le pregunté si quería venir a mi casa. Yo pensaba que estaba siendo maternal, pero cuando aparté la vista de ella y volví a mirarla, vi que ella había salido corriendo por el pasillo hacia el lado opuesto del tren para alejarse de mí. Fuente.

12.

Una chica me dejó y me quedé echo polvo. Sin embargo, nos mantuvimos en contacto porque no fue una ruptura terrible y queríamos intentar seguir siendo amigos. Habíamos sido amigos durante años antes de salir.

Aproximadamente una semana después de la ruptura, tuvo un accidente automovilístico menor y me sentí mal por ella: había sido un mes difícil para ella. Además, ella tenía algunos problemas en su trabajo.

Así que le envié flores diciendo algo como: «Son para ti, porque eres una persona hermosa», o algo así. Como acabábamos de romper, no quería que le pareciera incómodo que fueran mías, así que los envié de manera anónima. Puse que eran «De X» en vez de usar mi nombre, para que no fuera raro.

Cuando las recibió, inmediatamente me envió un mensaje de texto diciendo: «Qué diablos es esto, es jodidamente raro». Inmediatamente me di cuenta de lo extraño que habría sido para ella y no hemos hablado desde entonces.

Siempre que lo recuerdo, pienso: «Ay». Fuente.

13.

Mi esposa y yo estábamos en la casa de su hermana, y entré a la cocina, donde vi a mi esposa hablando con alguien (no recuerdo quién). Empecé a acariciarle la espalda. Cuando se dio la vuelta, me quedé mortificado al ver que en realidad era su hermana, que por lo visto es exactamente igual que mi esposa cuando está de espaldas. Todos nos reímos, pero yo me sentí completamente avergonzado. Fuente.

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14.

Recuerdo la mayoría de los detalles que la gente me cuenta sobre su vida y, por lo general, me sigo acordando mucho tiempo después. Alguien en el trabajo me dijo que recordar tantos detalles le parecía una habilidad inquietante, y que alguien podría pensar que los estaba apuntando, tomando notas, etcétera, como si fuera un acosador o algo parecido. No, simplemente soy socialmente torpe y me tomo tan en serio a la gente que presto mucha atención a los detalles. Fuente.

15.

Pasé por un período en el que, por alguna razón, le guiñaba el ojo a la gente (no estaba intentando coquetear, solo se lo había a mis amigos y a gente que me conocía mucho). Sin embargo, se terminó convirtiendo en un tic y se lo había a completos desconocidos. Estoy seguro de que la gente pensaba que era raro (en realidad no estaban equivocados). Fuente.

16.

Cuando nació mi primer hijo, eran como las 2 a.m. y no podía recordar dónde dejé el coche en el aparcamiento del hospital. Estaba demasiado cansado.

Seguí a una mujer a través de tres pisos del aparcamiento. Ella caminaba cada vez más rápido y mirando hacia atrás. Al final me di cuenta de que estaba muy asustada, y tuve que gritar: «NO TE ESTOY SIGUIENDO, ¡ES QUE NO RECUERDO DÓNDE APARQUÉ!» Fuente.

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17.

Estaba lloviendo y estaba conduciendo de regreso a mi oficina después de una reunión cuando vi a dos niños caminando por un tramo de carretera concurrido que se dirigía a un complejo de apartamentos que estaba un poco alejado.

Me detuve y les ofrecí llevarles en coche, porque soy una madre y hacemos esas cosas. Ambos se negaron y siguieron caminando.

Literalmente tardé 30 minutos en darme cuenta de que le pedí a 2 niños desconocidos al azar que subieran a mi coche. ¡Por supuesto que se negaron! Fuente.

18.

Cuando mi hijo tenía apenas un año, tuvo una fase en la que se negaba a dormir en su propia cama. La mayoría de las veces, mi esposa y yo teníamos que mantenerlo entre nosotros en nuestra cama si no queríamos que se pasara llorando toda la noche.

El problema es que ronco mucho y duermo muy profundamente. Por ese motivo, la mayoría de las noches terminaba despertando al niño con mis fuertes ronquidos. Cuando eso pasaba, mi esposa tenía que empujarme hasta despertarme, y me pedía que saliera de la cama. Yo me arrastraba hasta nuestro sofá cama en la sala de estar, para que ella y el niño pudieran volver a dormir. Esto ocurría con tanta frecuencia que nunca nos molestamos en plegar el sofá durante el día, y siempre lo dejábamos hecho como si fuera otra cama.

Esta noche en particular no fue diferente a las otras: en medio de la noche, mi esposa me despertó de un codazo porque mi hijo lloraba. Todavía medio dormido, de forma instintiva me arrastré hasta la sala de estar para seguir durmiendo en el sofá como tantas otras noches.

Al meterme en la cama, me moví un poco para encontrar una posición cómoda, y mi mano de repente rozó algo cálido y suave. «Hmm…», pensé, pero mi mente estaba demasiado concentrada en intentar volver a dormir que no procesé del todo esa información.

Sin embargo, mi mano instintivamente apretó un poco el objeto para averiguar qué podría ser. Fue extraño, porque parecía que era el pie de mi hijo.

De repente, el objeto se alejó de mí. «Oh, está bien, mi hijo está aquí», pensé medio dormido. Debí quedarme dormido y mi mujer lo dejó aquí conmigo por alguna razón. Seguí acostado intentando dormir un poco, cuando de pronto me di cuenta: «¡Espera, ese no es mi hijo!»

En mi estado somnoliento no había recordado que esta noche en particular teníamos invitados que se quedaron a dormir. El pie no pertenecía a mi hijo, eran una amiga de mi esposa y su hija de 2 años que estaban de visita. En ese momento me di cuenta de que, desde su punto de vista, me había metido en su habitación en medio de la noche, había entrado en su cama, y le había apretado un pie. «¡Oh, debo parecer la persona más siniestra de la historia!»

Intenté escabullirme de la sala de estar en cuando pude, esperando que nadie notara mi «visita» involuntaria. A la mañana siguiente, me disculpé. La amiga de mi esposa lo había notado. Pero, por suerte, también había oído llorar a mi hijo, así que entendió que no había malas intenciones. Aún así, sigo sintiéndome realmente incómodo al respecto, y eso que fue hace casi nueve años. Fuente.

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Y tú, ¿tienes alguna historia digna de aparecer en esta recopilación?