18 personas que crecieron siendo pobres cuentan qué cosas consideraban lujos durante su infancia

Hablemos claro: la pobreza es una mierda. Hay gente que considera que la gente con pocos ingresos lo que realmente necesita es menos servicios sociales, y más fortaleza moral. Otros, romantizan la pobreza y aseguran envidiar a los que viven con menos cosas, a los que no les queda más remedio que sacar el máximo partido de sus posesiones.

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Ojalá fuera tan sencillo. Lo cierto es que, para cualquier persona, la pobreza supone vivir con unos niveles elevados de estrés y miedo. No es simplemente “tener menos cosas”, “ser felices con menos”, y otros eslóganes por el estilo: quien está en la pobreza, o cerca de ella, seguramente no tendrá las más mínimas ganas de que alguien le diga que en el fondo es afortunado.

La experiencia de la pobreza es increíblemente dura. Es un día a día en el que no sabes cómo vas a conseguir pagar el alquiler, alimentar a tus hijos, alargar el dinero para que te llegue hasta el final del mes. Y si es angustioso para los adultos, no lo es menos para los hijos cuyos padres viven abrumados por un constante temor. Además, es una situación que tiene algo de círculo vicioso, porque crecer con este estrés hace que salir del pozo se algo más difícil.

Es decir, que no hablamos solamente de vivir en un piso más pequeño, comer peor, ir menos a menudo al cine, o estar en una zona algo más fea de la ciudad. Hablamos también de miedo constante y, en el caso de los niños, de habilidades de aprendizaje que se resienten y falta de modelos.

Por esto último, para muchos es catártico poder compartir su experiencia con la pobreza. En Askreddit, el popular Subreddit en el que la gente hace preguntas abiertas, se trata la cuestión a menudo. Recientemente preguntaron “¿Cuál es un lujo del que disfrutas ahora, que tus padres eran demasiado pobres para permitírselo cuando eras niño?“, y la gente compartió algunas anécdotas interesantes. Desde gente que ha interiorizado la posibilidad de que la electricidad puede cortarse en cualquier momento, a otros que ni siquiera tenían agua corriente.

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Si no tuviste experiencias de este tipo cuando eras niño, las respuestas te harán reflexionar sobre lo afortunado que eres. También sobre lo importante que es que los más necesitados tengan acceso a beneficios sociales que palien los altos niveles de desempleo, pobreza infantil, desahucios, pobreza energética, etcétera.

1.

Calefacción, libros que no fueran de la biblioteca, verduras frescas que no fueran en conserva. Enlace.

2.

Jabón de manos auténtico. Cuando era niño, éramos tan pobres que nuestro gel de manos estaba hecho de trozos de jabón de baño antiguo, machacado y mezclado con agua. Olía fatal, y es probable que realmente no sirviera para limpiar nuestras manos. Enlace.

3.

Mi abuela me contó que hasta que no fue adulta, no había escuchado a alguien decir que no le gustaba una comida. Si había algo para comer, te lo comías. Enlace.

4.

Fotos de vacaciones. Enlace.

5.

Estar calentita. Mi padre se negaba a que pusiéramos la calefacción. Lo primero que hice el primer invierno después de mudarme de casa, fue poner la temperatura a 26º. Cuando terminó la estación mi factura era gigantesca, pero MERECIÓ LA PENA. Enlace.

6.

Tenía amigos que tenían una habitación enorme con una mesa de comedor larga, que supuestamente solo usaban para Acción de Gracias o Navidad. Esa habitación era casi tan grande como mi casa, y la desperdiciaban casi todo el año.

Eso sí, era genial para jugar al escondite. Enlace.

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7.

Un amigo mío tenía su propia línea telefónica. Esto era a finales de los 80, principios de los 90. Enlace.

8.

Mi madre se mordía el labio de la tensión cuando el cajero pasaba los productos por el escáner de la caja registradora. Le estresaba que no tuviéramos para pagar todo, y tuviéramos que dejar algo. Mi hermana y yo considerábamos que ser rico era “poder comprar lo que quisieras en el supermercado”. Enlace.

9.

Un frigorífico de esos que en la puerta tienen un dispensador de hielo y agua fría. Me moría por tener uno. Pensaba que era mágico, y que debía costar una fortuna. Enlace.

10.

Pan de perritos calientes y hamburguesas.

Si no estabas usando pan de molde normal, para mí eras millonario. Enlace.

11.

Me impresionaba que hubiera fontanería y electricidad dentro de casa. Me crié literalmente en una cabaña de madera en Alaska, y bombeábamos agua desde el río. Tampoco había visto una televisión.

La primera vez que vi un inodoro con cisterna perdí la cabeza, fue cuando visitamos a mi abuela. Mi madre me contó que me quedé tirando de la cadena una y otra vez, intentando entender de dónde venía y a dónde se iba el agua. Entonces desarrollé un miedo irracional a usar inodoros con cisterna y ser absorbido, así que cada vez que lo usaba, tiraba de la cadena y salía corriendo despavorido. Tenía 4 años. Enlace.

12.

Tener muebles en cada habitación. De niño pensaba que tener una mesa solamente para comer era el colmo de la vida lujosa. Enlace.

13.

Un cepillo de dientes nuevo. Tío, qué repelús me da pensar ahora en eso. Enlace.

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14.

Había veces que teníamos suficiente dinero para comprar arroz y sal, y eso era lo que comíamos toda la semana… Algunos años, los regalos de Navidad eran de completos desconocidos. Toda mi ropa era de segunda mano, o heredada de familia, amigos, y a veces de desconocidos. Enlace.

15.

Cuando era niño teníamos que comprar calzado realmente barato que al cabo del mes se rompía y teníamos que comprar uno nuevo. Al final, terminaba costando más que si compráramos un buen par de zapatos una vez al año, o así. Pero nunca podíamos permitírnoslo. Enlace.

16.

Mi hijo me trajo una linterna que había encontrado en el cuarto de baño, y me pregunto qué hacía allí. Le dije, “es por si se corta la luz”. Me miró sorprendido, “¿cómo?” Y entonces me di cuenta de que cuando era niño cortaban a menudo la luz porque no podíamos pagar la factura. Enlace.

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17.

Recuerdo que teníamos que hervir agua en una tetera para poder darnos un baño, la mayor parte del tiempo no podíamos permitirnos el agua caliente. Enlace.

18.

Una consola de videojuegos (cualquiera de ellas).

Un lavaplatos.

Un garaje.

Si tenías alguna de esas cosas, eras rico. Si tenías las tres, debías ser una especie de multimillonario. Enlace.

Y tú, ¿tienes alguna anécdota que aportar? Cuéntanoslo en los comentarios.