19 anécdotas que demuestran que la solidaridad femenina existe

Sororidad es un término que lleva usándose de manera habitual desde hace relativamente poco. Su significado podría ser el de solidaridad, complicidad o alianza entre mujeres, y es una palabra que suele vincularse mucho con el movimiento feminista. Según el mismo, la sororidad sería clave para crear redes de mujeres que caminen de la mano hacia la igualdad.

Hasta 2018 no se incorporó el término a la RAE, siendo una de las palabras más esperadas por muchas mujeres. Cuando lo hizo, fue con la definición de “agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo”. De acuerdo con la Fundeu, el término es válido desde 2016, cuando se hizo una recomendación lingüística porque, como explicó en su día la filóloga y lingüista Judit González, “vimos que en los medios de comunicación empezaba a aparecer esa palabra vinculada a noticias sobre feminismo”.

Pexels

Para González, se justifica la extensión de su uso porque, según asegura, “llena un vacío léxico”. Pero, ¿cuál es el origen del término?

Origen de la sororidad.

El término sororidad viene de la palabra inglesa “sisterhood”, un concepto utilizado en los años 70 por Kate Millet, referente del feminismo de la segunda ola. Algunos años más tarde, la académica mexicana Marcela Lagarde, utilizó la versión en español, “sororidad”, desde una perspectiva feminista por primera vez.

Lo hizo tras verlo en otros idiomas: “encontré este concepto y me apropié de él, lo ví en francés, sororité y en ingles, sisterhood”, explica.

Para Lagarde, la sororidad sería “una forma cómplice de actuar entre mujeres”. La académica considera que es “una propuesta política” para que las mujeres se alíen y trabajen juntas, y que de esta manera encabeen los movimientos.

Como curiosidad, hay que destacar que Miguel de Unamuno usó la palabra en su novela La tía Tula, de 1921. Al escritor le extrañaba que junto a “fraternal” y “fraternidad” —de frater, hermano—, no existiera “sororal” y “sororidad”. De este modo, Unamuno fue el primero que defendió esta palabra para cubrir una carencia léxica.

Feminismo sororo.

Con el resurgimiento del movimiento feminista a lo largo de los últimos años, la mayoría de mujeres coinciden en que la sororidad  supone el apoyo y la alianza entre mujeres. La directora del Centro de Estudios de Género de la UNED, Teresa San Segundo, la define como “solidaridad entre mujeres, una empatía y un acercamiento hacia otras mujeres”.

Pexels

Por ejemplo, no es raro encontrarse mensajes de solidaridad en manifestaciones como las del 8M, en las que re repiten consignas como “la de al lado es compañera no competencia”, “si tocan a una, nos tocan a todas” o un clásico actualizado: “por mi y por todas mis compañeras”.

Y aunque hay gente que todavía cree en mitos como aquel de que todas las mujeres son competitivas entre sí, la realidad es muy diferente. Aunque haya excepciones, la sororidad llegó para quedarse, y se demuestra en anécdotas como estas:

1.

En una fiesta de Oktoberfest en mi ciudad me percaté de que un chico estaba siguiendo a una muchacha. Ella iba a alguna parte, y él estaba siguiéndola. Mientras, ella le decía que no quería, que se alejase. Así que, en medio de 2.500 personas, la tomé del brazo; se quedó sin entender nada. Dimos varias vueltas hasta que el chico la perdió por completo de vista. Más tarde, ella me dio las gracias…

2.

Ocurrió después de una gran decepción amorosa: llamé a mi amiga, que estaba en otra ciudad, llorando. Durante la llamada me calmé y colgamos. Después de unos minutos, llegó a mi casa una hermosa fondue de chocolate que ella me había enviado en ese mismo momento ❤️.

3.

Era el año 2015. Mi dama de honor, Neide, y yo teníamos prisa pero no queríamos olvidar ningún detalle. Llovía mucho y compartíamos un pequeño paraguas. Delante de nosotras, vimos a una pareja que atravesaba una situación similar… hasta que la sandalia que llevaba la chica se rompió, y ella comenzó a caminar descalza frente a nosotras.

Neide no lo pensó dos veces: cogió la sandalia plana recién comprada que estaba en una bolsa, y se la dio a la muchacha. El novio, sin poder creerse lo que veía, pidió registrar el momento con una foto. Pero Neide, discreta y generosa, se negó a aceptar cualquier tipo de exaltación de su gran gesto.

4.

Trabajo de cajera en una pequeña tienda de zapatos. En una ocasión, una clienta elogió mis cejas. Me dijo que no podía dibujar las suyas y que no le había gustado cómo quedaban pintadas con henna.

Yo uso mi propio maquillaje de cejas con un molde plástico; el paquete que compro viene con tres tonos, y diez moldes diferentes. Como solo uso un color y una horma, le enseñé a usarlo, y le regalé el tono ideal y el molde que mejor se ajustaba a su rostro. Además, le dije sobre dónde podía comprar más cuando se le acabara.

Pexels

5.

En una ocasión, fui a visitar a mi hermano a otra ciudad en la que no había estado antes. Él me recomendó que tomara el autobús y me bajara en un lugar determinado. Avisé al conductor, pero no se detuvo, así que terminé en un sitio al azar, sin crédito en mi teléfono móvil y sin saber qué hacer.

Encontré un mercado abierto y le pedí a una chica usar su móvil. No solo me lo permitió, sino que también pidió hablar con mi hermano. Le preguntó dónde vivía, ya que yo solo conocía la referencia de la parada del autobús, y esta muchacha me acompañó al lugar. Quedé muy agradecida, porque encima ya se acercaba la hora del cierre de todo. No me cobró nada.

6.

Me encontraba en una terminal de autobuses volviendo a casa después de pasar varios días alejada de mis hijos, y de pronto empecé a llorar, probablemente por la emoción de regresar. Lo único que sé es que no pude controlarlo.

Una chica se me acercó, me preguntó qué estaba pasando y no pude decir nada, pero siguió hablando conmigo tratando de calmarme. A pesar de que no pude hablar con ella sobre lo que estaba pasando, me sentí aliviada. Me dio un abrazo y se subió a su autobús. Me quedé feliz.

7.

En una ocasión, de camino al trabajo, me senté en el asiento de atrás del autobús. Siempre me bajaba en la última parada, y, cuando la chica que estaba sentada a mi lado se levantó, me di cuenta de que tenía una rotura en sus pantalones. Era el uniforme de una farmacia que estaba en la calle en la que yo trabajaba. Le llamé la atención sobre el roto, y se planteó sentarse otra vez y volver a casa para cambiarse. Su bolso era muy pequeño, pero yo tenía uno grande para ir al gimnasio. Así que se lo presté y la acompañé a su trabajo, porque tenía otro par de pantalones en el armario.

8.

Mi madre fue al mercado a comprar levadura para hacer pan. La empleada le dijo de pasada que no se sabía ninguna receta fácil. Así que mamá anotó rápidamente la suya, y le explicó detalladamente cómo lo hacía.

9.

Tenía una vecina que me ayudó mucho en momentos complicados de mi vida. Tenía poco dinero, pero era muy caritativa. Con el tiempo me mudé y, unos años después, de repente sentí un fuerte deseo de visitarla. Cuando llegué, me enteré de que había fallecido y que su cuerpo estaba en la morgue desde hacía 12 días. Entonces me acordé de que ella siempre hablaba de cuánto temía que le pasara eso, por el frío del refrigerador. Entonces entendí que era hora de devolverle los favores y honrar lo que ella había sido para mí: una amiga. Así que organicé su funeral.

10.

Hace un año, una pasajera y su novio entraron en mi coche. Se pusieron a discutir, y él se puso un poco agresivo. Me detuve en medio de una calle y le dije al tipo que bajara. ¡No en mi coche! En la dirección opuesta había un vehículo de la policía militar. Se llevaron a los dos a la comisaría, donde ella registró la agresión y yo, con mucho gusto, fui su testigo.

11.

Cuando la médica vino a decirme que mi madre había fallecido, una muchacha que no había visto en mi vida me miró y me preguntó si podía darme un abrazo. ¡No puedo quitármelo de mi cabeza, un auténtico ser de luz! Fue el mejor abrazo que recibí.

12.

Nunca olvidaré que cuando era adolescente, era San Valentín y estaba sola, así que era un día supertriste para mí. Al poco de volver del colegio, sonó el timbre de casa. Lo contesté yo. Era un hermoso ramo de flores de un admirador… mi madre, la más bonita.

13.

Una vez, en un día húmedo, “el cielo comenzó a derrumbarse” sobre nuestras cabezas. Estaba con mi hija y la tapé con mi blusa fría, de esas que están hechas de tela que no se moja. Nos quedamos debajo de la carpa de una cafetería hasta que la tormenta se calmara. Entonces, una chica que iba en bicicleta se detuvo y me dio su paraguas sin preguntarme si lo necesitaba.

Le di las gracias y antes de que dijera algo más, ella dijo que estaba bien, que me quedara con él. Hasta el día de hoy agradezco su amabilidad. Me demostró que todavía hay gente buena ❤️.

Pexels

14.

Hace unos años, una amiga y yo trabajábamos en una farmacia. Ella tenía de vez en cuando ataques epilépticos, pero en aquella ocasión habíamos discutido y no nos hablábamos desde algún tiempo. Un día, ella tuvo una crisis, y hacía falta llevarla al hospital. Aunque era de noche, y era mi hora de salida, fui con ella y me quedé hasta que llegó su marido. Fue una de las mejores cosas que hice en la vida. Gracias a Dios volvimos a ser amigas 🙏.

15.

En una ocasión, estaba con mi esposo para ver al médico en emergencias. Escuché a una enfermera decirle a dos niñas que estaban en el lugar equivocado, que para ver su pie hinchado tenían que ir a la unidad de atención urgente. Pero la parada de autobús estaba demasiado lejos como para ir cojeando, y la unidad de urgencia aún más. Eran de otra ciudad.

Avisé a mi esposo, me dirigí hacia ellas y les pregunté si querían que las acercara al centro de urgencias. Las llevé, las dejé y volví. Necesitamos ayudarnos.

16.

Una chica que trabajaba en una tienda de bocadillos me dio dinero para el billete de autobús para que me fuera a casa. Nunca lo olvidaré ❤️.

17.

En una ocasión, hace muchos años, perdí un autobús que me llevaba a la fábrica en la que trabajaba. Llegué tarde a la parada y no tenía ni un centavo en el bolsillo, porque el transporte era de la empresa y no tenía que pagarlo.

Me lamenté en voz alta y una desconocida que estaba en el lugar esperando a otro autobús, el de la empresa en la que ella trabajaba, me preguntó qué había pasado. Le conté mi desgracia, y ella rápidamente me dio el dinero para el billete. Nunca olvidé ese episodio.

Aproximadamente 20 años después, nos convertimos en compañeras en la facultad. Cuando le conté la anécdota, ella me dijo que no lo recordaba. Pero nunca olvidé el bien que me hizo ese día. Y ya han pasado 25 años…

18.

Domingo, 6:30 p. m., el neumático de la motocicleta pinchado. Ya la había empujado unos 500 metros cuando pasó una joven en moto. Giró sobre sus pasos, me ofreció su ayuda y se adelantó unos metros, para regresar diciéndome que no había nada abierto. Le hizo una seña a otro motociclista y pidió ayuda.

Este sujeto fue a otro barrio, trajo a un gomero y llevó la llanta. Mientras tanto, ella se quedó conmigo. Le pregunté si conocía al hombre, y respondió: “No, pero tampoco te conozco a ti”. Me acompañó hasta que el gomero trajo el neumático arreglado. Después, cada uno siguió su camino. Ángeles en la tierra 💕.

19.

Estaba detrás de un automóvil en una pendiente en una avenida concurrida. Una conductora no podía subir la rampa para salir, y la línea de coches detrás de nosotras seguía creciendo. Salí de mi coche, le ofrecí mi ayuda y me senté en su lugar. Conduje el coche hasta que conseguí sacarlo de la avenida. Después, volví a buscar el mío.

Ella era una conductora novata. Pensaba que el problema era del coche. Le dije: “Eso pasa, los coches son así”. Ella estaba muy nerviosa, pero ¿por qué decir eso? La amabilidad genera amabilidad.

Si quieres más ejemplos de sororidad, echa un vistazo a estos 14 tuits que le cerrarán la boca a cualquiera que no crea en la solidaridad femenina.

Y tú, ¿tienes alguna historia de sororidad como estas?