Todos nos hemos cruzado alguna vez con alguna persona demasiado tacaña. Peor aún, es muy probable que hayamos pasado por alguna situación demasiado incómoda por culpa de uno de ellos. Se les reconoce con facilidad: cuando van a traer la cuenta se levantan de la mesa con cualquier excusa, nunca llevan efectivo o cambio, le ponen pegas a cualquier adquisición…

Aunque tampoco es bueno irse al otro extremo y ser una persona derrochadora, suele ser complicado convivir con las personas tacañas. Especialmente si se trata de tu pareja o familia, y es alguien con quien tienes que hacer planes de futuro. Lo peor de todo es que ellos no son conscientes de que su forma de entender la vida sea problemática, y consideran que tienen un gran talento ahorrador. Pero, en realidad, es un rasgo de personalidad muy relacionado con el miedo, el catastrofismo y la necesidad de tener siempre el control.
Una de las cosas buenas es que las personas tacañas lo manifiestan de formas únicas. Su creatividad a la hora de encontrar nuevas formas de ahorrar puede llegar a impresionar a quienes les rodean. Y aunque es una actitud un tanto molesta, hay ocasiones en las que se pueden rememorar sus acciones con un poco de sentido del humor. ¡Atento a estos ejemplos porque no tienen desperdicio!
1.
Mi abuelo compra latas de refresco de cola de marca blanca, y cuando abre una la bebe lentamente durante dos semanas. Cuando le digo que pierden las burbujas y que debería abrir una lata nueva, me dice que sería un desperdicio, ya que «solo la bebe para tomar un poco de dulce». Fuente.

2.
En la cafetería a la que voy habitualmente, he visto muchas veces a un viejecito sacar subrepticiamente un centavo del vaso de las propinas, deslizarlo en su bolsillo y luego ponerlo volver a ponerlo en el vaso como si fuera su propia propina. Lo mejor es que es solo un centavo. Fuente.
3.
Durante la universidad vivía en una casa con otros tres chicos. Éramos unos vagos y pasábamos la mayor parte del día viendo películas que alquilábamos en el videoclub. Tenían una oferta diurna especial de £1.
Prácticamente todas las veces, uno de mis compañeros decía que no podía ver la película porque tenía trabajo que hacer, y que, por lo tanto, no contribuiría dinero al alquiler.
Pero, a los 5 minutos, aparecía y se quedaba de pie detrás de la puerta de la sala de estar durante toda la duración de la película. Todas. Las. Malditas. Veces. Fuente.
4.
Mi antiguo compañero de piso es la persona más barata que he conocido, nunca comparaba artículos de primera necesidad… cosas como pasta de dientes, papel higiénico, jabón, etcétera. En una ocasión, dejé yo también de comprar y cuando se acabó todo me fui una semana a casa de mi madre. Cuando regresé no había comprado nada. Cuando le pregunté cómo se estaba limpiando después de hacer sus necesidades, señaló al lavabo. Fuente.

5.
Cuando mi abuelo era niño fueron muy, muy pobres, vivían en una zona rural y no puedo culparle por ser tan tacaño. Pero a veces se pasa. Por ejemplo, se niega a comprar tarjetas de felicitación, y una vez le propuso a toda la familia extendida que compráramos entre todos una tarjeta de felicitación en blanco y nos la fuéramos enviáramos unos a otros en los cumpleaños y días festivos. Fuente.
6.
Una noche, habíamos quedado para ir al cine. Uno de mis amigos llegó un poco más temprano con su novia y reservaron asientos para los demás. Fue una acción completamente voluntaria, un favor entre amigos. Sin embargo, cuando salimos del cine, su novia nos dijo deberíamos pagarles el estacionamiento porque ellos nos consiguieron los asientos. Se produjo un silencio incómodo, seguido de carcajadas. Fuente.
7.
En el colegio había una niña que siempre llevaba el cabello muy corto. Creía que le gustaba ese estilo, pero descubrí que lo odiaba y quería dejarse el pelo muy largo. Sin embargo, para «recortar gastos», su padre les obligaba a ella, su madre y sus dos hermanas mayores a llevar el pelo así para usar menos champú. Fuente.
8.
Salí con un chico increíblemente tacaño. Nunca salíamos a cenar, ni siquiera a un sitio de comida rápida como Chipotle. La única vez que me invitó a tomar algo fue en nuestra primera cita. Compraba un café instantáneo malísimo, y aunque le regalé una pequeña cafetera para hacer café decente, nunca la usó. Una vez compré entradas para que fuéramos a ver el Circo del Sol, y le sugerí que antes de ir me llevara a comer. Me dijo: «No sabía que esto era un intercambio». Fuente.

9.
Un tipo con el que trabajaba puede que fuera el tipo más tacaño del mundo. Todos los días en el trabajo se comía un sándwich de mantequilla de cacahuete y mermelada, un plátano y leche. La leche que bebía la traía en una botella de Gatorade porque no quería las de las máquinas expendedoras de 75 centavos.
Ganaba bastante dinero. Como 60k al año, pero nunca lo adivinarías viendo su coche. Compraba coches de 500 dólares, los arreglaba él mismo y los conducía hasta que dejaban de funcionar. Estaban oxidados por todas partes, pero le daba igual.
Tenía 3 hijos, y nos enteramos de que cuando cumplieron los doce, empezó a hacerles pagar su propio papel higiénico. Fuente.
10.
Estábamos en el pub con un amigo que es conocido por ser muy tacaño. Se salta su turno de pagar la ronda, no pone dinero para la gasolina y «olvida su cartera» a menudo.
En una ocasión, éramos 4, incluido nuestro amigo tacaño, y habíamos acordado que está vez no se libraría de pagar. Pedimos una cerveza cada uno en el bar y en esta ocasión cada uno pagó la suya. El camarero se volvió expectante hacia nuestro amigo, y él se giró hacia nosotros. «Ah, olvidé mi dinero, ¿puede invitarme alguien?». Todos nos reímos y dijimos que no, otra vez no. Preguntó una vez más… y cuando se dio cuenta de que no le invitaríamos, dijo: «Bueno, pues iros al cuerno», y procedió a sacar el dinero de su bolsillo y pagarle al camarero …
Su tacañería es legendaria. Fuente.
11.
Cuando era pequeño pasaba los veranos en la casa de mis abuelos, y una de mis tareas era poner la mesa antes de la cena todas las noches. Siempre que teníamos invitados para cenar, me indicaban que usara «las servilletas buenas». Eso significaba las servilletas que no tenían los logotipos de restaurantes impresos. Fuente.

12.
Invitaron a mi hija de 13 años a la fiesta de cumpleaños de su mejor amiga en un restaurante de comida rápida. Su amiga viene a nuestra casa a menudo, y muchas veces cena, desayuna, o almuerza con nosotros, y durante el verano duerme aquí al menos dos veces a la semana.
La hemos incluído en salidas al parque de atracciones o al parque acuático cercano, al cine, o a la heladería, y nunca hemos pedido que nos paguen nada. La tratamos como si fuera nuestra hija. Así que imaginaos mi sorpresa cuando mi hija me llama desde el baño del restaurante, casi llorando, diciéndome que le acaban de decir que tendrá que pagar su comida, después de que le hayan servido la cena y el postre. En total eran unos $13, y ella tenía un poco de dinero pero le faltaban alrededor de cinco dólares.
El padre de su mejor amiga le dijo que si no pagaba «tendría que quedarse y ser platos o algo», y se puso muy desagradable con ella, como si estuviera intentando engañarle o algo así. Como tenía su número de teléfono, le llamé y le pregunté si podía poner el dinero que faltaba y que se lo devolvería cuando la trajera a casa.
Él se negó, y se comportó como si de alguna manera mi hija y yo estuviéramos intentando estafarle. Me sugirió que llamara al restaurante y solucionara las cosas, porque ellos se iban y iban a dejar a mi hija allí sola. Finalmente, llamé al local, pagué con mi tarjeta de crédito, incluyendo una buena propina, y le dije a mi hija que estaría allí para recogerla en diez minutos.
Cuando llegué allí, esta sabandija estaba intentando que mi hija se fuera con ellos, ahora que la cuenta estaba pagada. Su hija estaba llorando. No hace falta decir que las cosas se pusieron feas. Fuente.
13.
Mi madre tuvo un novio que arrancaba los tallos de las cerezas antes de comprarlas en el supermercado, para que pesaran menos y pudiera llevarse más por el mismo dinero. Fuente.

14.
Eso no es nada: un amigo que trabajaba en un supermercado me contó una vez que un cliente solía pelar plátanos antes de comprarlos, por la misma razón… Fuente.
15.
Mis abuelos no eran tacaños, pero crecieron durante la Depresión y, como resultado, siempre fueron muy ahorradores. Servían comida en platos de papel reutilizados, pero como no podían ver muy bien, seguían estando un poco sucios. Mi abuela insistía en darme su ropa vieja y gastada: «¡Así te ahorras dinero!» Aunque el estilo de una chica de 14 años es un poco diferente al de una mujer de ochenta, cuando iba a verla a veces me ponía la ropa porque le hacía muy feliz.
Les echo de menos. Fuente.
16.
En una convención, un grupo de gente fuimos a cenar y algunos de ellos se quedaron con las sobras. Cuando regresamos, una de las personas que no había podido salir a cenar estaba fastidiada, así que uno de los comensales le dijo: «No te preocupes, si quieres, te puedo dar mis sobras».
«¡Genial!»
«No hay problema, la comida me costó $10, y queda aproximadamente la mitad, así que me debes $10…» Fuente.

17.
Mi tía y mi tío estaban de visita con sus dos hijos. Mi tío me preguntó si quería ir a la heladería. Cuando llegamos, se compró un helado para él y sus dos hijos, y me preguntó si tenía dinero para mí. Yo tenía 9 años, así que no tenía dinero. Dijo: «Qué pena», y se fueron hacia su coche.
Me di cuenta de que solo me necesitaban como guía. Fuente.
18.
Mi madrastra coje paquetes de salsa de ketchup de los restaurantes de comida rápida, y cuando llega a casa los exprime en botellas de ketchup vacías. Fuente.
19.
Me invitaron al matrimonio de una sobrina. Sirvieron bebidas a algunos invitados, pero a los de nuestra mesa no. Cuando sirvieron la comida, a los demás les sirvieron trucha, y a nosotros sardina enlatada. Qué coraje nos dió, todavía después de mucho tiempo seguimos hablando sobre ello. Todavía nos preguntamos por qué no nos fuimos de ahí y comimos en alguna parte con el dinero del regalo. Fuente.

Y tú, ¿alguna vez te has encontrado en una situación digna de aparecer en esta recopilación?