La paternidad es complicada: puede que creamos que estamos siendo los mejores padres del mundo, pendientes de todos los aspectos de la vida de nuestros hijos, esforzándonos al máximo para que todo les salga bien. La realidad es que puede ocurrir que, precisamente por eso, se la estemos arruinando.

Todos hemos leído sobre cómo hay que fomentar el autocontrol y la autonomía de los niños, pero muchas veces los primeros que no cumplimos somos nosotros, los padres. Por este motivo, no nos damos cuenta del problema que puede suponer que con 10 años les atemos los cordones, les untamos sus tostadas, o nos desvivamos para llevarle al colegio el bocadillo que se ha dejado olvidado en casa. Cualquier cosa con tal de impedirles que se enfrenten ellos solos a la frustración.
Pero, tarde o temprano, la frustración termina llegando. Y cuando lo hace, es todo un momento. Cuando alguien preguntó en Reddit por anécdotas en las que a un niño mimado no le quedó más remedio que enfrentarse a la cruda realidad, las respuestas no tuvieron desperdicio. ¡Pasen y lean!
1.
Una vez conocí a un chico al que sus padres le regalaron un coche, y lo trató como si fuera basura. Estaba seguro de que sus padres le comprarían el coche que realmente quería en cuanto destruyera el que le compraron. Sin embargo, nunca le compraron otro coche. Después de arruinar el que tenía, tuvo que empezar a coger el autobús urbano o compartir viaje con amigos.
2.
Cuando tenía unos doce años, mi padre empezó a salir con una mujer que tenía un hijo de 9 años muy caprichoso. Siempre respondía a su madre, y se negaba a hacer cosas de la casa, así que me tocaba hacerlas a mí.
Una vez durante la cena nos dijo: «¡Escuchad!» Se tiró una sonora ventosidad. Su madre, avergonzada, le pidió dejar de hacerlo, o ir al baño. En de eso, sonrió y se inclinó para tirarse otro, pero accidentalmente se hizo caca encima en medio de la cena.
Su expresión de terror fue lo mejor que me visto, me morí de la risa mientras salía corriendo de la mesa.
3.
Un familiar lejano pasó todos sus años de universidad y su veintena saliendo todo el rato de fiesta, con la paga de entre 100-120.000 dólares que le enviaba su padre empresario. Gracias a eso, viajaba por el mundo cada año, visitando Bali, Tailandia, Europa, siempre iba al Oktoberfest, simplemente se lo pasaba bien.
A los 32, decidió quedarse en los Estados Unidos en un resort de esquí bastante caro, y abrió un negocio con su mujer cazafortunas. Cuando quiso transferir su dinero a una cuenta bancaria nacional, se dio cuenta de que solo llegaron unos pocos miles de dólares. Le preguntó enfadado al trabajador del banco por qué no había llegado todo el dinero, le contestaron que eso era todo el dinero. Su padre había dejado de enviarle dinero sin decirle nada, y él no se había dado cuenta hasta ese momento.

4.
Un niño mimado rico apareció en la escuela con su deportivo de 325.000 dólares. Estaba exhibiéndose, cuando de pronto perdió control del coche, y atravesó una pared de ladrillos, dejándolo inservible.
5.
Trabajaba en Starbucks, donde estaban formando a una chica que acabábamos de contratar. Tenía 20 años y sus padres la habían obligado a encontrar un trabajo. Había crecido en una familia con mucho dinero.
En su primer o segundo día, durante el cierre le pedí que limpiara la vajilla. Con la mirada perdida, me dijo que no sabía cómo se hacía. Por lo visto, había crecido con criadas, y literalmente no había limpiado un plato en toda su vida. Tuve que enseñarla paso por paso cómo se hacía.
6.
La historia contraria: un exitoso doctor y político local quería que su hijo fuera a la universidad y se hiciera médico. El hijo dejó los estudios, y consiguió un trabajo en Costco, poniendo gasolina. Ha estado en esa empresa desde entonces, con sus subidas de sueldo periódicas y sus bonificaciones, viviendo una buena vida. Simplemente no quería el día a día lleno de estrés que tenía su padre.

7.
En el primer día de unas vacaciones de dos semanas, presencié cómo mi primo mimado de 10 años le decía a su madre, a su prima mayor, a su tía, y a su abuela, que no pensaba limpiar su habitación o recoger sus platos porque «era trabajo de mujeres». Así que durante todo el resto de las vacaciones de dos semanas, nadie tuvo que recoger un plato, ponerlo en remojo o lavarlo, porque se convirtió en su trabajo. Y a veces llegábamos a ser doce personas allí.
8.
Conocí a un niño rico en el instituto que fue a la universidad, y estuvo de fiesta prácticamente cada noche. Sus padres se enteraron de que estaba suspendiendo todas las clases, así que condujeron hasta allí en secreto un sábado por la mañana con una copia de las llaves del coche que le habían comprado, y se marcharon conduciéndolo.
9.
Vivo en un país en el que el alcohol tiene unos impuestos altísimos. Un grupo de unos 12 chicos pijos entró a un pub, le dio la tarjeta de crédito al camarero, y empezó a pedir chupitos para todos.
«¿Qué queréis?»
«Lo que sea, paga papá», respondieron.
Así que el camarero empezó a servir J.W. Blues a todos esos niños mimados, y a algunas personas del local a las que quisieron invitar.
Cuando llegó la cuenta, el chico de la tarjeta se puso a llorar.
«Papá me va a matar…»
Sin embargo, yo disfruté mucho del whisky gratis.

10.
Conocí a una chica que no podía entender cómo hacía la gente para vivir con un presupuesto ajustado. Ella se empeñaba en que saliéramos todos los días, pero le gustaba comer en sitios caros, mientras que a mi no me importaba comer en lugares más baratos. En una ocasión, hice con ella la cuenta y le enseñé que el coste de mis comidas con ella, a diario, equivalían a todo mi sueldo del mes.
11.
En mi primer día de universidad tuve un compañero de habitación que procedía de una familia increíblemente rica de Medio Oriente. Recuerdo que le costaba mucho adaptarse a que no hubiera alguien haciéndole la comida. Una mañana fui a la cocina y le encontré intentando comerse una tostada con huevos que se acababa de preparar. Me preguntó cómo preparaba yo los huevos fritos, porque el suyo estaba realmente crujiente. Resulta que había roto el huevo entero dentro de la sartén y lo había cocinado con cáscara y todo. No pude evitar reírme, pero a la vez me sentí muy mal por él.
12.
Crecí en Indonesia, un país del Tercer Mundo en el que si tienes acceso a Internet seguramente también tengas gente trabajando en tu casa. Crecí pensando que lo normal era tener varias criadas.
Me mudé a Singapur, un país del Primer Mundo donde la gente todavía tiene criadas, pero es una cosa más de clase media-alta. Uno de mis profesores me dijo una vez que barriera el suelo, y era la primera vez que cogía una escoba. Empecé a sacudirla adelante y atrás como había visto en los dibujos animados, y todo el mundo me miró en plan «qué diablos estás haciendo».
Lo único que estaba haciendo era crear una nube de polvo a mi alrededor. Tienes que barrer en una dirección para arrastrar todo el polvo hacia el recogedor. Impresionante.

13.
Cuando tenía 16 años, mis padres se fueron de vacaciones y me dejaron sola con el dinero necesario para la semana. Como no sabía hacer la colada, ni había visto hacerla, llevé toda mi ropa a la tintorería. Incluso mis pantis. En el establecimiento me preguntaron 3 veces si estaba segura de querer que limpiaran todo en seco. Dos días después, tenía mis 8 pares de pantis colgados en sus pequeñas pechas individuales. Mi «colada» me costó 90 dólares esa semana. Yo di por sentado de que era lo normal.
14.
Mis padres se arruinaron. Dos veces. Pasé de ir a una escuela privada a que nos embargaran los coches y la casa. Yuju.
15.
Hace unos 10 años, estaba bebiendo una cerveza con un amigo. Os aseguro que su familia estaba completamente forrada. Le mencioné que estaba teniendo problemas para pagar el alquiler y las facturas mientras iba a la universidad, y simplemente me dijo: «¿Por qué no le dices a tu madre que te lo pague, colega?». Mi madre tiene una discapacidad y nunca ha tenido dinero.
Se dio cuenta instantáneamente de lo que había dicho, y se sintió mal por ello. Creo que fue la primera vez que comprendió de verdad que no todo el mundo se puede apoyar financieramente en sus padres.

16.
Un compañero de universidad con un coche ridículamente caro golpeó por detrás el coche destartalado de una mujer. El coche de ella quedó totalmente destrozado, mientras que el de él tampoco tenía muy buen aspecto. El chico salió y empezó a gritar a la mujer. Ella estaba llorando. Él insistió en que pagaría por lo ocurrido.
Cuando llegaron los policías, le tomaron declaración a cada uno de ellos. Después, yo y otras 10 personas declaramos como testigos. Al parecer todos nosotros le culpamos completamente a él (era la verdad). Cuando los policías volvieron a hablar con él, fui testigo de cómo se venía abajo. Seguramente les había dicho que fue culpa de ella, y ahora mucha gente había confirmado que era un mentiroso.
Nunca había visto a tantos testigos quedarse en el lugar por un simple accidente de tráfico. Creo que todos los demás se sintieron como yo: ese chico era un bodoque y debía ser castigado por lo que hizo.
Y tú, ¿alguna vez has visto a algún malcriado enfrentándose al karma?