Cuando hablamos sobre los adolescentes, siempre tenemos que tener presente que se trata de un momento complicado y extraño. No en vano, la adolescencia es el período de crecimiento más importante de nuestro desarrollo, el paso hacia la edad adulta desde la infancia. El cuerpo empieza a sufrir una transformación acelerada, y son muchos cambios que, inevitablemente, alteran nuestro estado de ánimo y nuestra conducta.

No solo eso, sino que se empieza a dejar atrás la etapa infantil y aparecen demandas por parte de la sociedad cada vez más complicadas. Las relaciones sociales tienen cada vez más importante, de la misma manera que la responsabilidad sobre los propios actos es cada vez mayor. Los padres ya no se ven como seres perfectos, y se hacen evidentes las diferencias que hay entre ellos y el adolescente, aunque este sigue siendo dependiente de ellos.
Es también una etapa de exploración, en la que se produce una mayor apertura y búsqueda de experiencias. Teniendo todo esto en cuenta, la adolescencia puede llegar a generar una gran tensión en quien la vive, siendo habitual que aparezca cierta rebeldía.
Lo saben bien nuestros protagonistas: cuando alguien preguntó en Reddit «¿Qué es lo más rebelde que hiciste de adolescente?«, muchos compartieron sus mejores anécdotas. Algunos lo hicieron desde el arrepentimiento, mientras que otros no pudieron de evitar sentir nostalgia por esos tiempos tan diferentes. Y tú, ¿fuiste un adolescente rebelde?
1.
Mis padres eran hippies extremadamente liberales con un enfoque paterno de «no intervenir». Siempre estaban en plan «la sociedad apesta, no seas como los demás», etc.
Entonces, mi hermana mayor se rebeló convirtiéndose en animadora, obteniendo excelentes notas, y siendo completamente abstemia. La rebelde más hilarante de todos los tiempos. Fuente.

2.
Mi instituto tenía una norma de «no correr en los pasillos». Cualquiera que corriera por los pasillos era castigado automáticamente. Así que ahí estaba yo un día, saltando por el pasillo —saltando … no corriendo—. Un maestro me ve y grita «¡Eh! ¡Detente! ¡Tienes una hora de detención después después de la salida de la escuela!» Me di la vuelta, a mitad de salto, le miré directamente a los ojos y dije «no». Luego seguí saltando por el pasillo. Estaba lleno de euforia, orgullo y alegría, me había enfrentado al sistema. No me presenté a la hora de detención. Fuente.
3.
Me salté 34 días de clases. Si faltabas 36 te suspendían el año. Pensé que si me iban a dar días de vacaciones, lo mejor era usarlos. Fuente.
4.
Cuando acababa de obtener mi carnet de conducir, les dije a mis padres que iba a pasar la noche en casa de un amigo.
En vez de eso, conducimos 5 horas para ver a Slayer en Chicago. Pasé la noche en un hotel cutre y luego regresé a la mañana siguiente. Se lo confesé a mis padres después de graduarme de la universidad. Mi mamá es secretaria de una escuela católica. Fuente.

5.
No se nos permitía comer cereales azucarados —teníamos un límite de 6 g por porción—, por lo que mi hermana y yo comprábamos Golden Grahams y Lucky Charms y reemplazábamos la bolsa de Special K con el cereal que compramos. Escondíamos las cajas en el bosque para ocultar las pruebas. Después de aproximadamente un año, mi madre se dio cuenta e, impresionada con nuestra iniciativa, cedió y comenzó a comprar los cereales que queríamos. Fuente.
6
Cogí el tren para ir a otra ciudad que apenas conocía para ver un concierto de la que por entonces era mi banda favorita. Era menor, tenia un carnet de identidad falso, e iba completamente solo. Me lo pasé como nunca, bailé delante del escenario, conseguí las baquetas del batería, autógrafos y una foto con el cantante. Me quedé en un albergue que solo me costó $25 y me volví en tren a la mañana siguiente. Fuente.
7.
Precaución: lo que voy a contar es extremadamente rebelde.
Me escapé de la casa a las 11:00 pm.
Fui al supermercado y compré comida basura.
Luego, mis amigos y yo fuimos a un parque infantil después de que cerrara.
Y comimos donuts e hicimos peleas de sables láser hasta que alguien llamó a la policía. Fuente.

8.
Organicé una fiesta en casa bastante impresionante cuando mis padres estaban fuera. Fue épico, pero se rompieron muchas cosas y se enfadaron tanto conmigo que le dieron mi habitación a mi hermano y tuve que tener la habitación más pequeña el resto de mi tiempo viviendo en casa. Fuente.
9.
En mi instituto, cuando llegabas al último año, obtenías una «tarjeta dorada» para el último año. Indicaba el horario escolar en la parte posterior y destacaba todos los períodos libres de 1,5 horas o más. Era una cartulina amarilla laminada para que los estudiantes no pudieran resaltar todo. Tenías que mostrárselo al guardia al salir o no te dejaba salir del estacionamiento.
El propósito era permitir que los estudiantes del último año pudieran ir a la escuela más tarde o que se fueran más temprano dependiendo de su horario. Fui a un sitio de reprografía, hice una copia y resalté cada período abierto que tenía, sin importar cómo de largo o corto era. De esta manera, podía ir y venir diariamente.
Era grandioso. Fuente.
10.
Mi padre no me autorizaba para tener permiso de conducir a los 16 años, ni me quería enseñar a conducir, ni me quería pagar las lecciones. A los 17, le compré un auto a un tipo por $200, aproveché una laguna legal para matricularlo, y aprendí yo solo a conducir. Fuente.

11.
En mi primera semana de instituto me salté la clase con otras tres amigas, y nos apretujamos en un cubículo del baño y garabateamos en todas sus paredes con un bolígrafo negro. Lo cubrimos por completo. Fuente.
12.
Nos colamos en una escuela abandonada con un amigo mío. Echando la vista atrás, es una de las cosas más tontas que hemos hecho sin lugar a dudas, pero por otro lado, la guerra de paintball gigante en aquellos viejos pasillos es uno de mis mejores recuerdos de la adolescencia. Fuente.
13.
El 99% de las personas en mi instituto bebía, así que supongo que para mí lo más rebelde era no hacerlo, jaja. Fuente.

14.
Me fui de casa sin avisar durante todo un año, pasé tiempo viviendo sin casa en otros países. Si hubiera tenido dinero me habría ido de mochilero, pero como era pobre dormía en la calle de las ciudades y la mayor parte de tiempo robaba o pedía dinero para comer.
Cuando volví a casa, me di una ducha y me fui a dormir a mi habitación. Al día siguiente, me uní al desayuno y mi padre dijo absolutamente nada al respecto. Nunca.
Las relaciones sanas son lo mejor. Fuente.
15.
Fui a muchos conciertos a una edad temprana alegando que me había «quedado a dormir» en casa de alguien. Fuente.
16.
Cuando tenía 15 años le dije a mis padres que iba a ir a casa de una amiga a dormir, pero en vez de eso fui a la casa de mi novio. Pensé que era la persona más genial por salirse con la suya, hasta que volví a casa y descubrí que mis padres habían rastreado la ubicación de mi teléfono mientras yo estaba allí. Me metí en un buen lío. Fuente.

17.
No fui un niño rebelde. Dicho esto, cuando conseguí mi permiso de conducir, mis padres tenían la norma de que durante los primeros 6 meses no podía llevar a amigos en el coche.
Cuatro meses después, durante un campamento, teníamos que ir a almorzar y un grupo de 3 chicas necesitaban que las llevaran. Me ofrecí como voluntario de inmediato y pude ir con ellos a almorzar toda la semana. Lo sé, soy tan rebelde. Fuente.
Y tú, ¿hiciste algo rebelde cuando eras adolescente? Cuéntanoslo en los comentarios.