Eran monjas pero renunciaron a sus votos después de enamorarse, y ahora son una pareja feliz

¿Qué hay detrás de los amores imposibles?

Desde tiempos inmemoriales, a todos nos han fascinado las historias de amores imposibles. Se trata de narraciones que llenan tanto nuestros sentidos, como nuestras estanterías y nuestras paredes. Ya sean grandes éxitos literarios, o las películas más taquilleras, todos hemos sucumbido alguna vez a estas historias que, terminen bien o mal, nunca podemos sacar de nuestras cabezas.

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Don Juan Tenorio, La Celestina, Romeo y Julieta, La princesa prometida… cada generación tiene una historia sobre el amor y el desamor de personas que parecen predestinadas a no estar juntas. Pero aunque las películas de Disney nos han condicionado a pensar que el amor siempre triunfa y que, inevitablemente, todo acaba bien, la realidad es otra. No todos los amores lo tienen igual de fácil, y por algunos hay que luchar. Como todo en esta vida, no existen garantías que vaya a haber un final feliz.

Quizás por eso nos encantan las historias 100% reales que nos ayudan a creer que, a pesar de lo injusto que es a veces el mundo, a veces sí ocurre eso de que “fueron felices y comieron perdices“. Os presentamos a Marita, que era monja en una isla croata cuando conoció a Fani. Con el tiempo, la religiosa acabaría convirtiéndose en su gran amor. “Simplemente, escuché a mi corazón”, explicó la mujer, después de que ambas abandonaran la Iglesia Católica.

Su historia de amor es tan interesante, que ha inspirado un documental que fue presentado recientemente en el festival internacional de cine ZagrebDox. Allí logró el premio del público, y no es para menos. “Es una historia de un amor inesperado e inusual, pero me concentré más en la cuestión de la libertad individual”, contó la directora, Ivana Marinic Kragic.

Nun of your business” es el nombre en inglés del documental. El título hace un juego de palabras perfecto con la palabra “nun” —”monja”—, y la expresión “none of your business” —”no es asunto tuyo”—. Y la cinta cuenta toda la vida de las dos mujeres, desde su infancia en lo más profundo de Croacia, a su decisión de ordenarse y lo que ocurrió después de conocerse hace diez años.

“Ellas encontraron la fuerza de luchar por su amor, algo que en general no está aceptado en nuestra sociedad”, dijo la directora. Kragic explicó que no su intención no era la de hacer un documental provocador, sino una llamad a la empatía en una sociedad conservadora, en la que las personas LGTB siguen siendo víctimas de discriminación.

Además, allí la influyente Iglesia católica sigue estigmatizando la homosexualidad, considerándola una “discapacidad” y una “perversión”.

Fue en el convento donde Marita, de 36 años en la actualidad, fue consciente por primera vez de su homosexualidad.

Marita Radovanovic, que actualmente lleva el cabello corto con mechas rosadas, tenía 18 años cuando entró en un convento en la isla de Korcula, en el sur del país. Lo hizo animada por su deseo de ayudar a los demás, y ya fue una decisión en contra de los deseos de su familia, que quería que llevara una vida más convencional. Allí conoció a Fanica Feric, a quien llamaban Fani.

La relación de amistad fue, con el paso de los años, convirtiéndose en relación romántica. Sucedió mucho después, cuando Marita, que ahora tiene 36 años, ya había abandonado la Iglesia. Fue en el convento donde fue consciente por primera vez de su homosexualidad.

Por su parte, Fani, que actualmente tiene 40 años, siempre supo que era lesbiana. Sin embargo, tenía miedo de salir del armario en su pequeño pueblo del este de Croacia. Según relata, se sintió atraída por la vida religiosa tras oír cantar a un coro de monjas y niños, y con 23 decidió ordenarse. “No pensé en el lugar al que iba. En un convento hay muchas mujeres”, comentó, sonriendo.

“Una estrella fugaz”.

Poco a poco, Marita se dio cuenta de que en el convento también existían mezquindades propias de otras comunidades. “Antes, lo idealizaba todo, pero me di cuenta de que el marco de la Iglesia no me convenía”, explicó. “La consigna de mi orden era Veritas. Al cabo de un tiempo, decidí ser honesta conmigo misma y con Dios, que es amor”.

“Es difícil cuando no encajas porque eres diferente”, considera Fani. “Para los católicos, la homosexualidad es un pecado importante. Yo rezaba a Dios para que me curara de mi “enfermedad”. Pero más tarde me di cuenta de que si Dios me había hecho así, no había nada que curar”, reflexionó.

Cuando surgió el amor entre las dos, Fani bromeó que “pensaba en ella más que en la Biblia”. En aquel entonces, ella vivía en Zagreb. Después de una visita de Marita, Fani le pidió al convento unos cuantos días para reflexionar sobre su situación. “De joven, cuando veía una estrella fugaz, me decía siempre: “Dios, por favor, envíame a alguien como yo”. Ahora ella estaba ahí, así que abandoné el convento”, explicó.

La directora Ivana Marinic Kragic tardó nada más y nada menos que siete años en grabar el documental. No solo tuvo que ganarse la confianza de las dos mujeres, sino que esperó a que estuvieran realmente cómodas con su nueva vida “civil”. Después de varios años en Zagreb, actualmente una trabaja en el sector turístico y otra en restauración, y viven en Korcula, donde la familia de Marita las aceptó tal como son.

A pesar de haber perdido la fe en la institución religiosa, aseguran mantener intacta la suya. Esperan poder convencer a otros de seguir su propio camino, ya que, como recalca Marita, “es lo que hice, tanto en el convento cuando me di cuenta de que eso no era para mí, y en lo que respecta a Fani”.