14 personas relatan las ocasiones en las que un mal presentimiento les salvó la vida

¿Existe el llamado “sexto sentido”? Vamos a preguntarlo de otra manera: ¿Te acuerdas de la primera impresión que te dio la que hoy es tu pareja? ¿O un compañero de trabajo con el que terminaste enemistándote? ¿Funcionó el “sexto sentido”, o no acertaste con aquellas corazonadas?

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Si no funcionó, quizás es que no tenías “entrenada” la intuición. Es lo que opina, por ejemplo, el psicólogo clínico Juan Cruz. “La intuición se ejercita, como si fuera un músculo. Existen estudios con resonancia magnética en el Instituto de Ciencias del Cerebro RIKEN que vinculan la intuición a ciertas áreas del cerebro que se activan cuando tenemos un presentimiento”, asegura.

Además, constata que esa supuesta “voz interna” nos viene a todos “de fábrica”. “En ocasiones, una persona se acerca a un niño y dice: ¡Uy qué rico! Pero el crío percibe algo que le resulta desagradable. O le dices que le dé un beso a un señor, y no quiere. No es que la intuición de los niños sea un cien por cien fiable, pero sí que hay que destacar ese instinto de protección y darles confianza para que decidan cómo mostrar el afecto”, cuenta Cruz.

Pero también tenemos que aprender a escuchar. En un libro de Malcolm Gladwell aparece un curioso experimento realizado por científicos de la Universidad de Iowa. Para un juego en el que se ganaba o se perdía mucho dinero, colocaron en dos mazos cartas de color rojo “malas”, y cartas azules, las “buenas”, en otros dos mazos.

Pues bien, los participantes en el experimento no se percataron de que las rojas eran las malas, hasta que sacaron 80 cartas. Sin embargo, esas personas estaban conectadas a una máquina que detectaba el sudor de sus manos, y el aparato desveló que con solamente 10 cartas ya generaban respuestas de estrés hacia las cartas rojas. Es decir, “habían intuido el truco 70 cartas antes de darse cuenta a nivel consciente”, recoge el libro de Gladwell.

No sabemos lo que opinarán nuestros protagonistas de hoy sobre la intuición. Pero todos ellos recuerdan alguna ocasión en la que hacer caso a su “sexto sentido” les salvó. Y cuando alguien preguntó en Reddit sobre las ocasiones en las que “un sentimiento de “tenemos que salir de aquí inmediatamente” te salvó“, compartieron sus anécdotas con el mundo.

¡Esperamos que te gusten tanto como a nosotros!

1.

Cuando era un bebé, mi madre tuvo un mal presentimiento que seguramente me salvó la vida. Estaba paseándome en un carro, por un vecindario de las afueras. Dice que empezó a sentirse como si alguien nos estuviera observando, así que decidió darse la vuelta y volver a casa. Unas calles más adelante se fijó en que un coche estaba conduciendo muy despacio detrás suya, y el conductor, un hombre, nos vigilaba a ella y a mí.

Ella empezó a caminar más deprisa y se dio cuenta de que el conductor aceleraba para seguirnos, así que se asustó. Antes de empezar a correr —esto ocurrió en los 90 y no tenía un teléfono móvil—, el hombre bajó la ventanilla y le dijo que no corriera ni se detuviera, porque le estaba siguiendo un coyote.

El hombre la escoltó hasta llegar a la puerta de casa, y después le indicó dónde estaba el coyote, que nos había seguido durante media milla y tenía aspecto de estar desesperado. Había estado entrando y saliendo de los arbustos . ¡Me alegro de la intuición de mi madre, y de la ayuda del desconocido!

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2.

Mi padre es camionero y siempre me ha contado que si estás en la autopista cerca de un camión y empiezas a oler a goma quemada, aléjate porque está a punto de reventar un neumático. Un día, conduciendo al trabajo, olí a goma quemada. Había un camión a mi lado, así que aceleré para ponerme por delante suya. Lo siguiente que veo en mi retrovisor es un choque tremendo, con un coche saliendo por los aires y dando vueltas de campana. Avisé del accidente a emergencias y el resto del día seguí las noticias. Afortunadamente, no hubo víctimas mortales, pero fue bastante feo. El camión tuvo un reventón y el coche a su lado maniobró para esquivar el fragmento de rueda y golpeó al coche en el otro carril, haciéndole saltar por los aires. Me habría pillado en medio.

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3.

El autobús me dejó sola en Santa Ana a las 3:00 a.m. y me dijo que esperara cuatro horas .

Normalmente soy muy selectiva a la hora de llamar a un Uber, pero por alguna razón, algo me decía que tenía que marcharme de allí inmediatamente. Descubrí que mi hotel estaba a solamente quince minutos, así que pedí un vehículo.

El conductor de Uber me recogió, me subí y le dije algo como “me dijeron que esperara cuatro horas, qué locura”. Me contestó que se alegraba de que le hubiera llamado a él en vez de esperar al siguiente autobús. Cuando le pregunté por qué, me dijo que es una zona peligrosa, y que hace unas semanas otra chica quiso esperar al siguiente autobús y fue asaltada y robada. Nadie la encontró hasta que la estación abrió otra vez al día siguiente.

Ahora siempre viajo con spray de pimienta.

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4.

Ocurrió cuando tenía 8 años y mi hermana unos 10 ó 11. Mi padre acababa de comprar una nueva casa que todavía no habían terminado de construir, así que nos quedábamos en casa de mis abuelos durante un mes mientras la acababan.

Mi hermana estaba jugando fuera cuando vi una furgoneta rara girar la esquina. En el colegio nos habían advertido sobre furgonetas blancas inquietantes, así que cuando vi aparecer esta, me fijé en los detalles. Todo estaba tintado excepto el parabrisas. El conductor nos vio y empezó a acelerar, así que le dije a mi hermana que teníamos que entrar.

En cuanto mi hermana se levantó, miré otra vez a la furgoneta y vi a un hombre abrir la puerta lateral mientras nos observaba.

Entramos dentro y cerramos la puerta. Volví a mirar y vi que la furgoneta se marchaba lentamente mientras el tipo que había abierto la puerta observaba atentamente nuestro patio.

Le conté todo a mi madre cuando volvió una hora después, y aunque nos dijo que hicimos bien en tomar precauciones, escuché que le decía a mi padre que seguramente no era nada y que teníamos demasiada imaginación. Estábamos en un sitio nuevo, en un vecindario en el que no nos sentíamos seguros, así que eso debía ser todo.

La mañana siguiente, mi abuelo nos despertó a mí y a mi hermana y nos dijo que había policías por toda la calle y que una niña había sido secuestrada, así que la policía quería que les contáramos todo lo que recordáramos de la furgoneta.

Las cámaras de seguridad de un par de casas más abajo también vieron a la furgoneta… y las del vecino de al lado mostraban cómo condujeron con la puerta lateral abierta mientras un tipo observaba nuestro patio.

Nos mudamos a nuestra nueva casa antes de tener nuevas noticias, pero mi abuelo iba a la iglesia con la pareja cuya hija había sido secuestrada. La furgoneta fue encontrada con las ropas que llevaba la niña, y encontraron su cuerpo en los pantanos unos meses después.

Si no me hubiera fiado de mi intuición, habríamos sido mi hermana y yo.

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5.

Acaba de empezar una tormenta, y mi ex decidió salir a jugar con el perro bajo la lluvia en el patio trasero. Tuve un mal presentimiento por lo fuerte que era el viento, y aunque me llamó exagerado le dije a mi ex que ella y el perro debían venir conmigo al sótano a refugiarse conmigo.

En 15 minutos, la mitad de mi techo había desaparecido. Por lo visto, la tormenta era un “derecho“, algo que no conocía hasta entonces.

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6.

Estábamos haciendo excursionismo al norte de Michigan, una zona muy rural. Encontramos en un sendero junto a un pequeño aparcamiento, cerca de una carretera secundaria, y decidimos explorarlo. A los cinco minutos de la ruta encontramos una cámara de caza, pero no tenía ID —las cámaras de caza en terreno público tienen que tener información de ID—, así que pensamos que era extraño. Seguimos caminando un poco, pero no nos sentíamos cómodos por la cámara y por lo raro que era el sendero, así que volvimos a nuestro camión en vez de caminar la última milla de la ruta.

Cuando regresamos, llegó un cuatro latas con una pareja dentro; el tipo era el típico redneck, pero la chica del asiento de copiloto estaba 100% colocada, y le costaba mantener la cabeza en alto. Él se quedó sorprendido cuando nos vio aparecer del sendero, y se quedaron sentados en el coche durante un segundo, marchándose después. Está claro que no venían a hacer excursionismo.

Mi interpretación es que la cámara era suya, y les debía saltar una alarma cuando había gente en el sendero, para poder ir y robar en sus vehículos. Nos ocurrió durante un viaje familiar en Kentucky hace años, así que quizás soy demasiado desconfiado, pero en ese momento decidimos que se habían terminado las excursiones por caminos ocultos para nosotros.

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7.

Más que un momento “salgamos de aquí”, fue un momento “no podemos irnos todavía”.

Mi novia y yo habíamos cogido unos postes de valla de metal y los habíamos apilado en el maletero de su coche. Cuando estábamos terminando, tuve un instante de pánico al darme cuenta de que los picos apuntaban a nosotros si tuviéramos un accidente. Así que moví toda la pila para que estuviera en ángulo y no apuntándonos directamente.

Cuando volvíamos a casa, nos detuvimos en un semáforo, pero el tipo detrás nuestra no. Nos golpeó por detrás un todoterreno a más de 60 millas por hora. Inmediatamente me entró el pánico y miré a mi novia, pero estaba bien. Yo estaba bien. Miré el maletero, y los postes de valla estaban encajados contra los laterales del coche después de haber sido empujados hacia delante por el choque.

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8.

Saqué a mi amiga a beber, por primera vez desde que había tenido a su hija 12 semanas antes. Nos bebimos una ronda, fui al servicio, y cuando regresé me la encontré tomando chupitos en una mesa con un desconocido. El desconocido me miró y fue como si me atravesara, en sus ojos solo había maldad. Cogí la mano de mi amiga, y le dije en alto “NOS MARCHAMOS, YA”. Nos fuimos inmediatamente. Al día siguiente fui a pagar la cuenta y el camarero me dijo que el hombre fue detenido por asaltar a una mujer fuera del bar.

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9.

Fuimos a investigar un drenaje subterráneo en el que nunca habíamos estado antes. No esperábamos gran cosa, así que no hicimos comprobaciones de seguridad, ni miramos el tiempo que iba a hacer, ni nos preocupamos de decirle a nadie dónde íbamos.

Cuando habíamos entrado unos 750 metros, mi colega se dio cuenta de que había un montón de agua cayendo más adelante. Nos miramos el uno al otro y nos dijimos, “tenemos que salir pitando”.

En cinco minutos, el agua pasó de llegarnos a los tobillos, a llegarnos por la rodilla con una fuerza que casi nos empujaba. Llegamos a una sección con unos escalones, y una escalera de mano para inspección. Conseguimos abrir la tapa mientras el agua era cada vez más profunda.

Si la escalera hubiera estado diez metros más lejos, no lo hubiéramos conseguido. ¿Si nos hubiéramos resbalado? Muertos.

Cuando salimos, estaba lloviendo. Estábamos empapados, y simplemente nos miramos el uno al otro con cara de susto.

Exploramos un poco la superficie, y descubrimos que el drenaje pasaba por debajo de un canal; si nos hubiéramos resbalado, habríamos terminado en sumidero bajo el canal, y no habríamos podido salir. Nadie sabía dónde estábamos, qué estaba ocurriendo, o cómo encontrarnos. Lo más probable es que hubieran encontrado nuestros cuerpos cuando hubieran terminado en el rio cercano.

Una combinación de estupidez y buena suerte, creo.

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10.

Al salir de clase un día vi que un coche me seguía por la calle. Tenía sobre 17 años. Tuve un mal presentimiento, así que me subí al primer autobús que pasó, con la intención de cambiar de dirección más adelante para ir a casa.

En el autobús, me llegó un mensaje de texto de un tipo que me había estado acosando durante años, con una foto de mi escuela tomada en ese momento, y los nombres y direcciones de dos de mis amigas. Me VOLVÍ LOCA. Finalmente le conté a mis padres lo que estaba ocurriendo, y lo denunciamos a la policía. Por lo visto, había conducido alrededor de cien millas para intentar secuestrarnos a mí y a mi amiga, y no lo había conseguido porque me subí a ese autobús y mi amiga se había ido antes a casa.

Le cayeron 2 años y medio de cárcel con la orden de no contactarnos ni a mí ni a ninguna de las otras chicas involucradas. Inmediatamente incumplió esa orden, así que le cayeron otros 5 años. ¡Me alegro de haberme subido a ese autobús!

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11.

Vivía en un sitio peligroso, y me habían robado muchas veces antes. Normalmente se trataba de un grupo de tíos que te pedían unas monedas, y luego te amenazaban para que les dieras la cartera.

En una ocasión salí de un club a las 2:00 a.m. o más tarde, y estaba esperando un autobús en una zona desierta con un amigo. Vimos a un grupo de tipos muy sospechosos que estaba claro que no querían nada bueno. De inmediato tuve la sensación de que no debía correr para que me persiguieran. Caminé hacia ellos con una mirada enloquecida, y les pedi unas monedas. Cuando dijeron que no, insistí. Nos dejaron en paz.

No soy un tipo grandote ni tengo una pinta amenazante. Este fue uno de los momentos de los que me siento más orgulloso, de hace más de 20 años.

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12.

Iba conduciendo mi bicicleta durante una tormenta cuando tenía 10 años. Junto al arcén por el que iba, había una pared gigantesca de ladrillos y cemento, recién construida.

Estaba pasándomelo muy bien cuando de pronto tuve el presentimiento de que tenía que largarme inmediatamente. Así que lo hice.

La mañana siguiente pasé por ese lugar, ¡y toda la pared se había derrumbado!

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13.

Era muy tarde, pero aún así me acerqué a una tienda que sabía que vendía vino. Solía trabajar en horas intempestivas, y a veces terminaba cuando era muy tarde por la noche y quería beber algo. Cuando volvía a mi camión, una chica joven me preguntó si podía llevarla a su casa, a unos bloques de distancia. Seguramente es mala idea juzgar a un libro por su cubierta, pero era muy joven, vestía decentemente, y no se comportaba de manera rara, así que acepté.

La estoy llevando y llegamos a una parte violenta de la ciudad, me dice que giremos a la izquierda. Una calle muy oscura. Da igual. Me detengo y me dice que ha apreciado el paseo… y que quiere hacer algo por mí. Le digo que no y empiezo a inquietarme… en plan… debería marcharse ya. Cuando sale y cierra la puerta, arrancho y veo a dos hombres con ropa oscura que están saliendo del callejón y se me quedan mirando mientras me marcho.

Estoy seguro de que habría terminado con un arma en la cara. Eso pasa a veces cuando eres amable.

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14.

Hace un par de años, caminaba a casa a las 1:00 a.m. al salir de un bar. Soy una mujer joven de veintitantos, así que no era muy buena idea, pero quería ahorrarme el dinero del Uber, y además estaba bebida y no estaba pensando con claridad.

Mientras camino por una calle grande pero oscura, una caminoneta se pone a mi altura. Dos hombres me miran, y el del asiento de pasajero me dice “eh, ¿necesitas que te acerquemos a alguna parte?” Miento y les digo que no, gracias, porque van a venir a recogerme. Dicen que vale, y se marchan.

Veo como se van y de pronto, más adelante, se iluminan sus luces de freno. No había señal de stop ni semáforo, así que pienso lo peor. “Tengo que salir de aquí”. Corro hacia un pequeño aparcamiento y me escondo detrás de una máquina de vending. Momentos después, aparecen los dos hombres en el aparcamiento y lo recorren entero, claramente buscándome.

Cuando se dieron por vencidos, se marcharon. Espero un poco y decidí llamar a un Uber.

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