Mientras somos jóvenes, anhelamos el bullicio, divertirnos, e ir de fiesta en fiesta hasta el amanecer. Pero, con el paso del tiempo, descubrimos que a partir de cierta edad las cosas no nos sientan igual. Desde ese momento, empezamos a descubrir el discreto encanto de la tranquilidad, el contacto con la naturaleza, el canto de los pájaros…

Cuando vivimos en el campo, o pasamos unos días en una casa en medio de la naturaleza, dejamos de preocuparnos del ruido de los coches de la carretera, o del tren de medianoche. Casas como las de esta recopilación son perfectas para dejar ir el estrés, disfrutar del silencio, y admirar el cielo estrellado. Cuando las veas, ¡tú también desearás construir un rinconcito en el que nadie te moleste!
“Hoguera en mi patio trasero. Todo está listo para ver una película por la noche”.

“Anoche abrí la puerta de mi habitación para dejar entrar un poco de aire fresco”.

“Nuestra veranda en Durham, Canadá”.

“Mi cama está en una casa del árbol. Me desperté esta mañana bajo una montaña de mantas y no quería levantarme”.

“El perfecto patio trasero de mi padre”.

“Mi rincón privado en el patio trasero”.

Ahora, esa casita que solía estar abandonada luce simplemente irreconocible.

“Mi novia y yo ya tenemos más de 30 años, y necesitamos un rincón de descanso veraniego”.

“Mi hermano construyó esta galería para mi madre desde cero”.

“Mi amiga tiene una casa de verano. Su actitud hacia ella es tal que la belleza y el orden aquí son cosas interconectadas”.

“Mi casa de verano en Canadá. La extraño mucho desde que me mudé a Alemania”.

“Este balcón es pequeño, pero muy bonito gracias al césped artificial”.

“Mi acogedor rincón para las noches de verano”.

“El patio interno de mi jardín con jazmines florecientes, conejos, pájaros y una fuente”.

“Me complace saber que mis padres se sienten cómodos en el porche por la noche”.

“Mi esposo y yo compramos una casa. Hicimos diferentes experimentos: montículos, césped, etc. Y ahora, después de muchos años, sucedió algo con lo que ni siquiera soñábamos”.

“Mi suegro tenía este montón de tablas. Le pedí cuatro troncos a un vecino, y los pasamanos y balaustres me los dio un amigo. Lo cubrí todo con linóleo y, como resultado, armé una resbaladilla para los niños”.

¿Cuál te ha gustado más? Cuéntanoslo en los comentarios.