¿Os acordáis de Iñigo, concursante de ‘Gran Hermano 1’? Así es su nueva vida y su asombroso cambio físico

El polo verde más famoso de la televisión.

A menudo se habla de que un programa de televisión ha sido un fenómeno social, y en el fondo es un poco exagerado. Pero si hay un caso en el que esa etiqueta fue completamente cierta, ese es el de la primera edición de Gran Hermano. No solo fue el primer concurso de telerrealidad de España, sino que esta versión de Big Brother, formato emitido por primera vez en Países Bajos, es el que ha tenido más ediciones de toda la historia.

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“Bienvenidos a la vida en directo”, decía el slogan del programa que se estrenó el 23 de abril de 2001. Aquella primera edición de Gran Hermano fue el origen de todo: audiencias exageradas que veían con fascinación tanto las galas como el canal que conectaba las 24 horas del día con el concurso, Mercedes Milá hablando de “experimento sociológico”… y, por supuesto, aquel elenco de jóvenes dentro de la mítica casa de Soto del Real —posteriormente se mudarían a Guadalix de la Sierra—.

Hay que reconocer que el casting fue todo un acierto. Ismael Beiro, Israel Pita, Jorge Berrocal —alias “quién me pone la pierna encima”— y su polémico romance con María José Galera, o Ania Iglesias, fueron los primeros en entrar a la famosa casa. En el programa entraron un total de 10 concursantes, pero cuatro de ellos abandonaron por diferentes motivos —dos de ellos porque sus parejas habían sido expulsadas, otro por la gravedad de la enfermedad de su padre y la última porque una revista de tirada nacional difundió unas informaciones un tanto polémicas sobre ella—. Por ese motivo, tuvieron que entrar en la casa el mismo número de reservas.

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Uno de estos reservas acabaría convirtiéndose en uno de los “grandes hermanos” más populares de todas las ediciones, y ya van 18: nos referimos, por supuesto, a Iñigo, aquel sevillano estudiante de Filología Inglesa que entró como reserva en la sexta gala y que conquistó a los espectadores. El paso de Iñigo por el concurso se caracterizó, entre muchas otras cosas, por su eterno polo verde, que no se quitaba ni para dormir.

Está claro que el ceutí afincado en Sevilla no destacó por su limpieza, ni por sus dotes para el protocolo, e incluso se le pudo ver hurgándose la nariz en directo delante de sus compañeros. Pero quizás porque en aquellos tiempos el público era más inocente, Iñigo no tardó en convertirse en uno de los concursantes favoritos de buena parte de la audiencia.

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Además, tuvo la buena fortuna de también caerle en gracia a dos de los concursantes más fuertes de la casa, Iván e Ismael “el pisha“, e incluso se enamoró de Ania, aunque no llegó a ocurrir nada entre los dos.

Acabó dejando de creer en falsas promesas, y actualmente vive alejado de los medios.

Tras su paso por el concurso de telerrealidad, Iñigo recaló en otro de los formatos más exitoso de aquellos años: Crónicas Marcianas, donde le disfrazaban programa tras programa —de mamarracho normalmente—. El fenómeno Iñigo parecía imparable, y en esta época también tuvo un pequeño papel en la segunda parte de la popular saga Torrente.

El ceutí confesó años más tarde que, tras participar en Gran Hermano, pensó en vivir de la televisión toda la vida. Se licenció en Periodismo y estudió un máster de Dirección de Comunicación, gastándose 4.000 euros “que no sirvieron para nada”, como se lamentó recientemente en una entrevista para el portal Outdoor de Mediaset. Este fracaso le alejó definitivamente de sus ambiciones: “Yo quise vivir de la tele, pero porque me llenaron la cabeza de cosas que podía hacer y ganar”, confesó.

Cuando su popularidad empezó a estar en declive, el exconcursante cambió completamente de registro y decidió continuar con su formación académica. Escribió dos libros, Borrachos de fama y Mercenarios de la tele, en los que habla de algo que conoce bien: el efecto que tienen los realities en sus participantes. Pero, paralelamente, se graduó en Estudios árabes e islámicos, complementando sus estudios con un máster en Dirección de Comunicación Empresarial e Institucional.

 

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Además, llevó a cabo un máster de Formación de profesor de secundaria y otro en enseñanza de español como Lengua extranjera y otras lenguas modernas. Gracias a todo esto, actualmente trabaja como profesor de la Escuela oficial de Idiomas de Granada. “Entro en clase y me siento feliz”, afirmó en la citada entrevista sobre su faceta como docente.

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Además de su trayectoria alejado de la pequeña pantalla, hay algo que también sorprende de la vida actual de Iñigo: su impactante cambio físico. El exconcursante luce canas y 20 kilos menos, que según él perdió “bebiendo mucha agua caliente y dejando de comer”. Sin embargo, reconoce que recuperó buena parte de ese peso viviendo en Polonia con una joven de la que se enamoró y con quien acabó teniendo una relación que, según él mismo narró, no terminó bien.

 

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A los fans que nunca podrán olvidar aquella mítica primera edición de Gran Hermano, les alegrará saber que Iñigo guarda un lugar en su corazón para el reality, aunque no consiguiera permanecer en la televisión. Además, también reveló que tiene un grupo de WhatsApp con el resto de los concursantes de su edición. “Sí, tenemos un grupo desde el año 2016, gracias al reencuentro que organizó la gran María Teresa Campos. No estamos todos, la verdad”, admitió Iñigo.